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Elecciones en Brasil 2026: Lula y Flávio Bolsonaro se enfrentan en una cerrada disputa presidencial

Llegan empatados a las urnas. Radiografía al actual gobierno y los retos del mandatario que salga electo.

Elecciones en Brasil 2026: Lula y Flávio Bolsonaro se enfrentan en una cerrada disputa presidencial
Por Agencia Periodismo Investigativo | Dom, 04/10/2026 - 11:47 Créditos: 158 millones de brasileños están habilitados para votar. Foto: redes sociales

Brasil abrió este domingo 4 de octubre las urnas para unas elecciones generales marcadas por la estrecha disputa entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, candidato del Partido de los Trabajadores, PT, y el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal, PL, en una jornada que también definirá la composición del Congreso, los gobiernos estatales y buena parte de la estructura política que acompañará al próximo presidente durante los siguientes cuatro años.

Los centros de votación comenzaron a recibir electores a las 8:00 de la mañana y permanecerán abiertos hasta las 5:00 de la tarde, según el horario oficial de Brasilia. Las personas que se encuentren en fila al momento del cierre podrán ejercer su derecho al voto.

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El Tribunal Superior Electoral, TSE, unificó el horario en todo el territorio brasileño, por lo que las regiones con husos horarios diferentes ajustaron la apertura de sus puestos para coincidir con la hora de Brasilia.

El potencial electoral llega a 158.745.463 personas habilitadas para sufragar, alrededor de 2,29 millones más que en las elecciones generales de 2022, un incremento de 1,46 %. Del total, aproximadamente 136,5 millones, equivalentes al 86 %, tienen voto obligatorio, mientras que para 22,2 millones es facultativo.

Además, 141,3 millones de electores, el 89,01 %, cuentan con registro biométrico.
Brasil no decide únicamente la presidencia. Este domingo se eligen presidente y vicepresidente de la República, 27 gobernadores y vicegobernadores, 54 senadores, correspondientes a dos tercios de los 81 integrantes del Senado, 513 diputados federales, 1.035 diputados estatales y 24 diputados distritales. El TSE registró 20.988 candidaturas para 1.790 cargos y escaños en disputa.

La carrera por el Palacio de Planalto llega sin un favorito con ventaja suficiente para anticipar una victoria en primera vuelta. Para ser elegido este domingo, un candidato necesita obtener más de la mitad de los votos válidos, excluidos blancos y nulos. Si ninguno alcanza ese umbral, Lula y quien ocupe el segundo lugar volverán a enfrentarse el 25 de octubre.

 Lula da Silva, actual presidente en campaña. Foto: redes sociales.
 Lula da Silva, actual presidente en campaña. Foto: redes sociales.

Las últimas encuestas publicadas antes del cierre de la campaña coincidieron en mostrar una elección estrecha entre Lula y Flávio Bolsonaro, aunque presentaron diferencias según la metodología utilizada.

Datafolha situó al presidente en 45 % de los votos válidos y a Bolsonaro en 42 %, una diferencia dentro del límite del empate técnico. Quaest registró 46 % para Lula y 45 % para Flávio Bolsonaro. CNT/MDA amplió la ventaja numérica del mandatario, con 47,8 % frente a 42,1 %. Otro estudio, de Palver, mostró el escenario inverso, con Bolsonaro en 47 % y Lula en 43 %.

Las diferencias entre los estudios, sumadas a sus respectivos márgenes de error, impiden proyectar un ganador antes del escrutinio. El escenario más repetido es el de una segunda vuelta entre el actual presidente y el senador del PL. Las simulaciones para ese eventual enfrentamiento también muestran diferencias estrechas y, en buena parte de los estudios, empate técnico.

Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato presidencial no consecutivo después de haber gobernado Brasil entre enero de 2003 y diciembre de 2010 y regresar al Palacio de Planalto en enero de 2023. Flávio Bolsonaro, de 45 años, intenta llevar nuevamente al bolsonarismo a la presidencia después del gobierno de su padre, Jair Bolsonaro, entre 2019 y 2022.

Los gobiernos de Lula suman cerca de 12 años contando el periodo que termina en 2026. El Partido de los Trabajadores, al agregar los mandatos de Dilma Rousseff entre 2011 y 2016, habrá ocupado la Presidencia durante cerca de 17 de los últimos 24 años.

Ese periodo dejó transformaciones sociales y económicas, pero también ciclos muy diferentes. Los primeros gobiernos de Lula coincidieron con expansión económica, aumento del empleo, crecimiento del salario mínimo, ampliación del crédito, programas de transferencia de ingresos, reducción de la pobreza y mayor consumo de los hogares.

La etapa final de los gobiernos del PT antes de 2016 estuvo marcada, en cambio, por una de las recesiones más profundas de la historia reciente: el producto interno bruto cayó 3,5 % en 2015 y otro 3,3 % en 2016.

Lula regresó a la Presidencia en 2023 con el desafío de recuperar el crecimiento después de la pandemia, reconstruir programas sociales, contener la inflación y recuperar políticas ambientales. Brasil llega a estas elecciones con una economía que continúa creciendo, aunque a menor velocidad que durante la primera parte del actual mandato.

El PIB aumentó 2,3 % durante 2025 y alcanzó aproximadamente 12,7 billones de reales. Durante el segundo trimestre de 2026 creció 0,5 % frente a los primeros tres meses del año y 2 % frente al mismo periodo de 2025.

El crecimiento acumulado en cuatro trimestres se ubicó en 1,9 %, señal de desaceleración frente a los años inmediatamente anteriores.

El mercado laboral representa uno de los indicadores favorables con los que termina el periodo. La tasa de desempleo se situó en 5,3 % en el trimestre móvil junio-julio-agosto de 2026, uno de los niveles más bajos de la serie de la Encuesta Nacional Continua por Muestra de Hogares. El ingreso mensual real promedio de los trabajadores ocupados llegó a 3.777 reales.

Sin embargo, el costo de vida continúa siendo una preocupación electoral. El Índice Nacional de Precios al Consumidor Amplio, IPCA, acumuló 4,22 % en los doce meses terminados en agosto. El IPCA-15 correspondiente a septiembre registró un aumento mensual de 0,70 %, impulsado, entre otros componentes, por vivienda.

Las cuentas públicas aparecen entre los principales problemas que recibirá quien resulte elegido. Entre enero y agosto de 2026, el Gobierno Central acumuló un déficit primario de 94.900 millones de reales, frente a 85.900 millones durante el mismo periodo de 2025. Solo en agosto, el déficit llegó a 13.600 millones.

Las proyecciones recopiladas por el Ministerio de Hacienda situaban la deuda bruta del Gobierno General alrededor del 83 % del PIB al cierre de 2026, un nivel que mantiene bajo presión el debate sobre gasto público, reglas fiscales, tasas de interés y sostenibilidad de la deuda.

Brasil llega también a las elecciones con avances en los indicadores de ingreso, pero con diferencias territoriales considerables.

El ingreso domiciliario per cápita alcanzó en 2025 un promedio nacional de 2.316 reales mensuales. Sin embargo, mientras el Distrito Federal registró 4.538 reales, Maranhão llegó a 1.219 reales, una brecha que refleja las diferencias persistentes entre las regiones brasileñas.

La pobreza disminuyó durante el actual ciclo económico después del aumento registrado en los años de la pandemia.

Las series del IBGE muestran que la proporción de personas en condición de pobreza había pasado de 31,6 % en 2022 a 27,4 % en 2023, mientras la pobreza extrema descendió de 5,9 % a 4,4 %. La política social, la evolución del empleo y las transferencias de ingresos continuaron siendo componentes centrales del gobierno de Lula.

La vivienda constituye otro desafío estructural. La medición nacional elaborada por la Fundação João Pinheiro, institución responsable del cálculo en cooperación con el Ministerio de las Ciudades, estimó un déficit habitacional de 6,21 millones de viviendas en 2022, equivalente al 8,3 % de los hogares ocupados.

El problema no consiste únicamente en familias sin vivienda, sino también en hogares con alquiler excesivamente oneroso, cohabitación y condiciones inadecuadas.

El Gobierno de Lula reactivó el programa Minha Casa, Minha Vida y para diciembre de 2025 había alcanzado la meta de dos millones de viviendas contratadas, un año antes de lo previsto.

De ellas, más de 1,7 millones correspondían a modalidades financiadas. La construcción de vivienda social y el acceso al crédito hipotecario seguirán, sin embargo, entre las principales tareas del próximo gobierno debido al tamaño acumulado del déficit.

La seguridad es otro de los asuntos centrales de la elección. Brasil registró 42.590 homicidios en 2024, una tasa de 20,1 por cada 100.000 habitantes y una reducción de 7,4 % frente al año anterior. Fue el menor resultado de la serie utilizada por el Atlas de la Violencia desde 2014.

La caída de los homicidios, sin embargo, convive con presencia de organizaciones criminales, disputas territoriales, narcotráfico, expansión de facciones a diferentes estados y elevados índices de violencia contra las mujeres.

Entre enero y junio de 2026 fueron registrados 741 feminicidios, 2,5 % menos que los 760 reportados durante el mismo periodo de 2025. Los indicadores muestran una disminución, pero mantienen la violencia de género como uno de los problemas de seguridad del país.

El orden público y la propia seguridad electoral también han recibido atención. Hasta las 9:00 de la mañana de este domingo, la Policía Federal había abierto tres investigaciones y elaborado seis procedimientos por posibles delitos electorales ocurridos durante la jornada.

Veintiocho personas habían sido conducidas ante las autoridades y se habían incautado 57.379 reales en bienes y valores, incluidos 34.228 reales en efectivo.

Los principales hechos investigados eran propaganda electoral irregular y posible compra de votos. Durante todo 2026, la Policía Federal había abierto 1.292 investigaciones relacionadas con delitos electorales y reportaba bienes incautados por más de 45,6 millones de reales.

La democracia constituye otro eje de la elección. Brasil continúa siendo considerado internacionalmente una democracia con elecciones competitivas, pero los estudios comparados advierten sobre polarización política, violencia, desinformación, tensiones entre poderes públicos y cuestionamientos a las instituciones.

La elección se desarrolla cuatro años después de una transición de poder que culminó en los ataques contra las sedes de los poderes públicos en Brasilia del 8 de enero de 2023 y después de procesos judiciales relacionados con los intentos de desconocer el resultado electoral de 2022.

Flavio Bolsonaro busca el poder en Brasil. Foto: redes sociales Bolsonaro.
Flavio Bolsonaro busca el poder en Brasil. Foto: redes sociales Bolsonaro.

El sistema electoral electrónico vuelve por ello a ocupar un lugar central. Para la elección fueron distribuidas más de 560.000 urnas electrónicas en alrededor de 497.000 secciones electorales y más de 2.600 zonas electorales.

El TSE mantiene procedimientos de auditoría, verificación de software, pruebas de integridad y observación del proceso.

Brasil llega además a las urnas con un indicador ambiental que mejoró durante el actual gobierno. La tasa consolidada de deforestación de la Amazonia Legal fue de 5.731 kilómetros cuadrados en 2025, una reducción de 12,07 % frente a 2024.

Los datos de alertas entre agosto de 2025 y julio de 2026 mostraron otra disminución, esta vez de 36 %, hasta 2.874 kilómetros cuadrados, el menor registro de esa serie desde 2016.

La dimensión ambiental será uno de los principales retos del próximo presidente porque Brasil deberá combinar la protección de la Amazonia y otros biomas con la expansión agropecuaria, la minería, la producción energética y las necesidades de infraestructura de una economía que supera los 214 millones de habitantes.

La estimación oficial del IBGE situó la población brasileña en 214.211.951 habitantes a julio de 2026.

Quien gane las elecciones tendrá, por tanto, varios desafíos simultáneos: elevar el crecimiento económico por encima del ritmo actual sin reactivar la inflación; equilibrar las cuentas públicas y estabilizar la deuda; mantener el desempleo en niveles bajos; aumentar la productividad y la inversión; disminuir las diferencias regionales y sociales; reducir el déficit habitacional; enfrentar a las organizaciones criminales; disminuir homicidios, feminicidios y otros delitos; avanzar en educación, infraestructura y saneamiento; responder al envejecimiento de la población; proteger la Amazonia; y mantener la capacidad de Brasil para atraer inversión y competir en los mercados internacionales.
 

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