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El drama de Anais Castro bajo el chavismo: censura, represión y exilio forzado

“Nos robaron la vida”: la mujer revive el drama que vivió en Venezuela durante la dictadura.

Anais Castro, comunicadora, cantante y locutora radicada en Argentina
Por Agencia Periodismo Investigativo | Mié, 07/01/2026 - 10:38 Créditos: Anais Castro. Captura de video

Permítanme celebrar”: el testimonio de una venezolana exiliada tras la caída de Maduro Buenos Aires fue el escenario donde, tras confirmarse la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, se escuchó una de las voces que representan el sentir de muchos ciudadanos forzados a abandonar su país.

Anais Castro, comunicadora, cantante y locutora radicada en Argentina, compartió en una emisora radial de esa ciudad un testimonio que entrelaza su experiencia personal con la historia reciente de Venezuela, marcada por la represión, la censura, la violencia y el desplazamiento masivo.

Castro, durante una intervención en Urbana Play 104.3, expresó su derecho a expresar alivio y alegría frente a la detención de quien considera responsable de múltiples violaciones a derechos fundamentales.

Su llamado fue directo: pidió que no se le niegue a los venezolanos exiliados la posibilidad de sentir una forma mínima de justicia. Sostuvo que la reacción de celebración no obedece a un capricho político, sino a años de pérdidas, dolor, silenciamiento y exilio forzado.

En su relato, recordó que en 2014, durante las primeras manifestaciones de gran escala contra el gobierno de Maduro, ya no se podía observar información libre en medios de comunicación.

La censura se había extendido a tal punto que ni siquiera se podía seguir lo que ocurría en las calles a través de la televisión.

Esa restricción, según explicó, fue una de las razones que motivaron a miles de jóvenes a protestar.

Ella fue parte de ese movimiento cuando aún cursaba estudios universitarios. Participó en las manifestaciones, enfrentó gases lacrimógenos, presenció detenciones y conoció de primera mano el miedo que generaban los operativos policiales en medio de las movilizaciones.

Narró cómo uno de sus compañeros de clase fue asesinado, mientras que otros dos fueron detenidos y posteriormente enviados al exterior por sus familias, con la esperanza de mitigar las secuelas de las torturas sufridas durante su detención.

Desde ese momento, entendió que participar activamente en la defensa de derechos implicaba asumir riesgos que podían cambiar el rumbo de su vida y la de quienes la rodeaban.

Su experiencia con el sistema de salud en Venezuela también formó parte de su intervención.

Recordó un episodio en el que, al presentar una parálisis facial, fue llevada a un centro de diagnóstico integral (CDI), administrado por personal cubano.

Antes de recibir atención médica, su madre fue interrogada sobre su orientación política.

Afirmó que solo gracias a la intervención solidaria de una enfermera que ignoró el protocolo ideológico, pudo recibir atención.

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Ese episodio marcó un punto de inflexión en su percepción sobre la politización de los servicios públicos y la exclusión sistemática de quienes no apoyaban al oficialismo.

Anais también relató su trabajo voluntario en el Hospital de Niños de Caracas, donde presenció la muerte de una niña debido a la infección de una herida causada por las condiciones precarias del hospital.

Esa experiencia, dijo, la llevó a renunciar a su labor como voluntaria al no soportar la impotencia de no poder revertir una situación que consideraba estructural e incontrolable.

Durante la entrevista, abordó también el fenómeno migratorio que llevó a millones de venezolanos a dispersarse por América Latina.

Indicó que en Argentina ya es común que cada ciudadano tenga algún tipo de vínculo con un migrante venezolano, lo que ha modificado aspectos de la cotidianidad en ese país.

Anais Castro, comunicadora, cantante y locutora radicada en Argentina. Captura de video

 

A pesar de haber reconstruido su vida fuera de Venezuela, afirmó que su identidad permanece anclada en su país de origen. Solicitó, con insistencia, que se respete el derecho a conmemorar la caída de una figura que, a su juicio, simboliza el dolor de un pueblo.

A medida que avanzaba su intervención, recordó otros momentos de violencia estatal. Mencionó la masacre de estudiantes ocurrida entre 2016 y 2017, y cómo muchas de las mujeres que participaron en las manifestaciones presenciaron cómo los hombres de sus familias eran agredidos en las líneas de choque.

Recordó casos de madres que fueron violentadas por funcionarios para forzar a sus hijas a abandonar la militancia estudiantil.

Uno de los relatos más crudos que compartió fue el de su amiga, cuya madre fue torturada y vejada frente a su vivienda como represalia por las actividades de protesta de la joven. Esa amiga, según dijo, se exilió en España y nunca regresó.

La salida de Anais de Venezuela coincidió con el asesinato de Niomar Lander, un joven que poco antes de ser asesinado había manifestado públicamente su deseo de quedarse en el país, pero también su temor ante la falta de un futuro posible.

Castro relató que ese crimen terminó de convencerla a ella y a su familia de que debían abandonar el país. Así lo hicieron, y desde entonces viven el duelo del desarraigo.

Tras la caída de Maduro, explicó que muchos venezolanos en el exterior aún temen compartir sus opiniones por temor a represalias.

La posibilidad de que se les niegue la renovación de sus documentos o que sus familiares en Venezuela sean objeto de persecución condiciona sus decisiones. Según dijo, ese miedo persistente continúa limitando la libertad de expresión, incluso fuera del territorio nacional.

En su reflexión final, Anais sostuvo que la captura de Maduro no puede borrar el daño causado, pero sí representa para muchos una señal de que es posible aspirar a una rendición de cuentas.

Subrayó que el dolor por los familiares fallecidos, la imposibilidad de asistir a sus entierros, la separación forzosa y el exilio no desaparecerán. Sin embargo, insistió en que los venezolanos exiliados merecen la oportunidad de expresar sus emociones sin ser juzgados.

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