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Bashar al-Assad, condenado a muerte: 24 años en el poder, guerra en Siria y caída de su régimen
¿Quién es y cómo gobernó Siria por más de dos décadas?
Un tribunal sirio condenó a muerte en ausencia al expresidente Bashar al-Assad y a su hermano Maher al-Assad por crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos durante el conflicto que se prolongó durante 14 años en Siria y dejó cerca de medio millón de muertos.
La decisión fue adoptada este martes por el Cuarto Tribunal Penal de Damasco y constituye la primera sentencia contra Bashar al-Assad y miembros de su círculo familiar más cercano desde el derrumbe de su gobierno, en diciembre de 2024, que puso fin a más de cinco décadas de control de la familia Assad sobre el poder político sirio.
El tribunal determinó que Bashar al-Assad recurrió a organismos e instituciones del Estado para ejecutar acciones que constituyeron crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad durante la represión de las protestas contra su gobierno y el posterior conflicto armado.
“Bashar al-Assad utilizó organismos estatales para cometer crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad”, declaró el juez Fakhareddine al-Aryan al dar a conocer la decisión judicial.
En el mismo proceso fue condenado a muerte Atef Najib, primo materno del expresidente y antiguo general de brigada del Ejército sirio, señalado como uno de los responsables de la represión en la provincia meridional de Daraa, donde comenzaron en 2011 las protestas que posteriormente se extendieron por el país y derivaron en una guerra civil.
A diferencia de Bashar y Maher al-Assad, quienes se encuentran fuera de Siria, Najib permaneció detenido y compareció ante el tribunal. Durante la lectura de la sentencia estuvo dentro de una jaula y vestido con uniforme de recluso, en medio de fuertes medidas de seguridad desplegadas alrededor de la sede judicial en el centro de Damasco.
Najib dirigía en 2011 la División de Seguridad Política en Daraa, una de las estructuras de seguridad encargadas de controlar la provincia durante el gobierno de Assad. Su actuación quedó vinculada desde los primeros meses de aquel año con uno de los episodios que desencadenaron las protestas contra el régimen.
Más de una docena de adolescentes fueron detenidos después de pintar grafitis contra el gobierno en el muro de una escuela de Daraa. Los menores fueron sometidos a torturas durante su detención, un episodio que provocó indignación entre sus familiares y habitantes de la región.
Las manifestaciones que siguieron exigían inicialmente la liberación de los jóvenes y posteriormente se transformaron en protestas contra las políticas represivas del gobierno. La respuesta de las fuerzas de seguridad intensificó las movilizaciones, que se propagaron hacia otras zonas de Siria.
La represión de las protestas y el crecimiento de la oposición armada condujeron al país a una guerra civil en la que participaron fuerzas gubernamentales, organizaciones rebeldes, grupos yihadistas y actores internacionales. El conflicto provocó cerca de medio millón de muertos y obligó a millones de sirios a abandonar sus hogares o salir del país.
Najib ya había sido sancionado en abril de 2011 por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos debido a su papel en la represión. Tras la caída del gobierno de Assad fue detenido por las nuevas autoridades y se convirtió en uno de los antiguos funcionarios de mayor rango del régimen en comparecer ante la justicia siria.
Maher al-Assad, hermano menor del expresidente y también condenado a muerte en ausencia, fue comandante de la Cuarta División Blindada del Ejército sirio, considerada durante años una de las unidades militares más poderosas y cercanas al núcleo del régimen.
Activistas y organizaciones de la oposición siria atribuyeron a integrantes de esa división asesinatos, torturas, extorsiones y actividades relacionadas con el narcotráfico. También denunciaron la existencia de centros de detención bajo su control.
Bashar y Maher al-Assad abandonaron Siria después de la caída del gobierno en diciembre de 2024 y se refugiaron en Rusia, donde recibieron asilo. Las nuevas autoridades sirias han solicitado a Moscú su entrega para que respondan ante la justicia por los delitos que les son atribuidos.
Bashar al-Assad había asumido la Presidencia en 2000, después de la muerte de su padre, Hafez al-Assad, quien gobernó Siria durante tres décadas. Su permanencia en el poder se extendió durante 24 años y terminó con una ofensiva rebelde que avanzó rápidamente sobre distintas ciudades hasta provocar el colapso de las fuerzas gubernamentales y la caída de Damasco.
Perfil
Bashar al-Assad gobernó Siria durante más de 24 años y fue el segundo integrante de una misma familia que controló el país de manera consecutiva durante más de medio siglo. Nació el 11 de septiembre de 1965 en Damasco y es hijo de Hafez al-Assad, militar que tomó el poder en 1970 y permaneció como presidente hasta su muerte, en junio de 2000.
La llegada de Bashar a la Presidencia significó la continuidad de un sistema construido alrededor del Partido Baaz Árabe Socialista, las Fuerzas Armadas, los organismos de inteligencia y una estructura política que concentró amplias facultades en la Presidencia. La etapa de gobierno de la familia Assad terminó en diciembre de 2024, después de más de cinco décadas.
Bashar al-Assad no había sido inicialmente preparado para suceder a su padre. Estudió Medicina en la Universidad de Damasco, se especializó en oftalmología y posteriormente continuó su formación en Londres.
El heredero político de Hafez al-Assad era su hijo mayor, Bassel al-Assad, quien desarrolló una carrera militar y fue proyectado dentro de las estructuras del régimen como eventual sucesor.
Sin embargo, Bassel murió en un accidente automovilístico en 1994. Bashar regresó entonces a Siria, ingresó en la formación militar y comenzó un proceso acelerado de preparación política y castrense que terminó colocándolo en la línea sucesoria.
Cuando Hafez al-Assad murió en 2000, Bashar tenía 34 años y la Constitución siria exigía una edad mínima de 40 años para ejercer la Presidencia. El Parlamento modificó ese requisito y redujo la edad mínima a 34 años, lo que permitió su candidatura.
Assad llegó posteriormente a la Presidencia como candidato único y asumió el poder en julio de 2000. Tenía 35 años y representaba, al menos inicialmente, una imagen diferente de la generación militar que había gobernado el país durante las décadas anteriores.
El Council on Foreign Relations recuerda que llegó al poder sin oposición electoral efectiva y que en sus primeros años prometió reformas políticas y económicas.
Políticamente, Assad perteneció al Partido Baaz Árabe Socialista, organización de orientación nacionalista árabe que durante décadas combinó elementos de panarabismo, secularismo y socialismo de Estado.
El Baaz gobernaba Siria desde 1963, pero a partir de la llegada de Hafez al-Assad al poder, en 1970, el sistema quedó progresivamente asociado a la familia Assad y a una estructura integrada por el partido, las Fuerzas Armadas y los organismos de seguridad.
Bashar heredó ese modelo y, aunque inicialmente promovió expectativas de apertura, las reformas políticas fueron limitadas.
El Fondo Monetario Internacional señaló que, pese a las propuestas de cambio formuladas cuando asumió la Presidencia, el avance de las reformas políticas fue lento y surgieron tensiones entre quienes reclamaban transformaciones y los sectores vinculados al mantenimiento del sistema existente.
Su llegada al poder generó un breve periodo de expectativas conocido como la “Primavera de Damasco”, durante el cual intelectuales, activistas y sectores de la sociedad comenzaron a reclamar mayor libertad política, pluralismo y apertura institucional.
Sin embargo, esa experiencia fue limitada y el aparato estatal volvió a restringir los espacios de oposición. Assad mantuvo un sistema político altamente centralizado, en el que los organismos de seguridad conservaron un papel determinante en el control de la actividad política y de la disidencia.
En materia económica, su administración intentó apartarse parcialmente del modelo de economía estatal desarrollado durante el gobierno de su padre.
A comienzos de la década de 2000, Siria inició una liberalización gradual destinada a diversificar una economía fuertemente administrada por el Estado y afectada por la disminución de la producción petrolera.
El país comenzó a abrir determinados sectores a la iniciativa privada, redujo restricciones comerciales y permitió la entrada de bancos privados. En 2004 comenzaron a operar entidades bancarias privadas y en 2009 reabrió el mercado de valores después de permanecer cerrado durante más de cuatro décadas. Siria también liberalizó progresivamente el régimen cambiario, redujo aranceles y buscó atraer inversión privada.
Los primeros resultados de algunas de esas reformas mostraron crecimiento. El FMI calculó que en 2006 el producto interno bruto no petrolero creció entre el 6 % y el 7 %, aumentó la inversión privada y mejoraron las exportaciones.
Para entonces, el sector privado representaba más del 80 % del PIB no petrolero. Sin embargo, el proceso estuvo acompañado de problemas estructurales que terminaron profundizando las diferencias sociales y regionales.
La apertura económica no significó una ruptura con las redes de poder construidas alrededor del régimen.
El Council on Foreign Relations ha señalado que los beneficios de las privatizaciones y de la liberalización se concentraron en sectores relacionados con el poder, mientras la reducción de subsidios y controles de precios perjudicó especialmente a campesinos y trabajadores urbanos.
El FMI también documentó fuertes diferencias regionales: la población rural recibió menos beneficios de las reformas, mientras algunas regiones agrícolas fueron golpeadas por una prolongada sequía. Para 2006 y 2007, el desempleo se encontraba por encima del 16 % y alcanzaba el 22 % entre los jóvenes de 15 a 24 años.
La corrupción constituía otro problema estructural. El análisis elaborado posteriormente por el FMI sobre la economía siria señaló que el país presentaba resultados deficientes en indicadores relacionados con el ambiente empresarial y el Estado de derecho.
En una encuesta empresarial de 2009, más del 80 % de las empresas consultadas afirmaron que se esperaba la entrega de regalos a funcionarios públicos para facilitar trámites, frente a un promedio regional del 37 %. Las instituciones gubernamentales presentaban problemas de rendición de cuentas, mientras la independencia y transparencia del sistema judicial eran cuestionadas.
El modelo político de Assad entró en su etapa más crítica en 2011, cuando las protestas de la denominada Primavera Árabe alcanzaron Siria.
Las primeras movilizaciones importantes surgieron en Daraa después de la detención y tortura de menores acusados de pintar consignas contra el gobierno.
Las protestas, inicialmente relacionadas con demandas de libertades políticas, reformas y rechazo a la corrupción, fueron reprimidas por las fuerzas gubernamentales. La violencia se extendió y el levantamiento terminó transformándose en una guerra civil en la que intervinieron numerosos grupos armados y potencias extranjeras.
Assad respondió al levantamiento combinando algunas reformas formales con una estrategia militar destinada a conservar el control territorial y político.
Durante los años siguientes, su gobierno recibió apoyo decisivo de Irán, Rusia y el grupo libanés Hezbolá. Rusia intervino militarmente de manera directa en 2015 y sus operaciones contribuyeron a modificar el equilibrio del conflicto en favor de Damasco. Irán, por su parte, proporcionó respaldo político, militar y financiero, además de apoyar a fuerzas y organizaciones aliadas desplegadas en territorio sirio.
La permanencia de Assad en el poder durante la guerra tuvo un costo económico y social extraordinario. El Banco Mundial calculó que, después de 14 años de conflicto, el PIB sirio había acumulado una contracción superior al 50 % frente a 2010.
El ingreso nacional bruto por habitante había descendido hasta unos 830 dólares en 2024, mientras una cuarta parte de la población se encontraba en pobreza extrema y aproximadamente dos tercios vivían por debajo de la línea de pobreza correspondiente a los países de ingreso mediano bajo.
El Fondo Monetario Internacional llegó a una conclusión semejante al estudiar la economía de guerra siria. El organismo determinó que el conflicto hizo retroceder al país varias décadas en términos de desarrollo económico, social y humano.
La destrucción no se limitó a carreteras, viviendas, hospitales, fábricas y demás infraestructura física: Siria perdió capital humano, millones de personas abandonaron sus lugares de residencia, numerosos niños quedaron fuera del sistema educativo y una parte considerable de la población sufrió las consecuencias sociales y psicológicas de años de guerra.
Pese a haber sobrevivido políticamente a los momentos más críticos de la guerra, Assad terminó perdiendo el poder de manera acelerada a finales de 2024. Una ofensiva de organizaciones armadas opositoras iniciada a finales de noviembre avanzó rápidamente sobre las principales ciudades.
La coalición encabezada por Hayat Tahrir al-Sham, junto con otras fuerzas contrarias al gobierno, consiguió quebrar las defensas del régimen hasta llegar a Damasco.
El 8 de diciembre de 2024 cayó el gobierno de Bashar al-Assad y el mandatario salió del país rumbo a Rusia, donde recibió asilo. Su salida terminó simultáneamente con sus 24 años de Presidencia y con aproximadamente 54 años de gobierno de la familia Assad.
La caída también modificó el sistema político construido alrededor del Partido Baaz. Ahmed al-Sharaa, dirigente de Hayat Tahrir al-Sham y una de las figuras centrales de la ofensiva que derribó al régimen, emergió como la principal autoridad del nuevo orden político.
El 29 de enero de 2025 fue declarado presidente para el periodo de transición. Posteriormente firmó una declaración constitucional que estableció un periodo transitorio de cinco años y concentró amplias facultades en la Presidencia, al tiempo que reconoció derechos individuales y estableció que la jurisprudencia islámica constituye la principal fuente de legislación.
El 29 de marzo de 2025 se constituyó un gobierno transitorio bajo la Presidencia de Ahmed al-Sharaa. Ese nuevo esquema sustituyó al gobierno provisional instalado inmediatamente después de la caída de Assad y eliminó el cargo de primer ministro.
La administración incorporó ministros procedentes de diferentes sectores de la antigua oposición y representantes de algunas minorías religiosas y étnicas, aunque la concentración de facultades en la Presidencia y las condiciones de seguridad continúan siendo asuntos centrales en el debate sobre el futuro institucional del país.
Actualmente Siria permanece bajo la Presidencia transitoria de Ahmed al-Sharaa. El nuevo gobierno enfrenta la tarea de reconstruir un Estado devastado por más de una década de guerra, restablecer sus instituciones, recuperar la economía, integrar distintas fuerzas armadas y políticas, resolver las tensiones entre comunidades y definir el modelo institucional que sustituirá definitivamente al sistema de los Assad.
El Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos ha descrito esta transición como un proceso frágil, con interrogantes sobre la inclusión política y la distribución del poder.
En el terreno económico, el cambio de gobierno abrió una etapa distinta. En febrero de 2026, después de una misión a Damasco, el Fondo Monetario Internacional informó que la actividad económica mostraba señales de recuperación, favorecida por la eliminación de sanciones internacionales, una mayor integración regional, el retorno de refugiados, el aumento del suministro eléctrico y nuevos proyectos de inversión.
El organismo comenzó además a prestar asistencia técnica al Ministerio de Finanzas y al Banco Central de Siria para reconstruir capacidades institucionales debilitadas durante los años de guerra.
La trayectoria de Bashar al-Assad quedó así dividida en tres grandes etapas: la llegada al poder en 2000 bajo la expectativa de una apertura política y modernización económica; la consolidación de un sistema autoritario que mantuvo las estructuras de seguridad heredadas de su padre; y, desde 2011, una guerra que convirtió la supervivencia del régimen en el objetivo central del Estado.
Assad consiguió mantenerse durante casi 14 años después del inicio del levantamiento, principalmente gracias al aparato militar y de seguridad y al respaldo de sus aliados internacionales, pero terminó derrocado en diciembre de 2024 cuando sus fuerzas no pudieron contener una ofensiva rebelde que en pocos días alcanzó Damasco.
Su caída puso fin a una estructura de poder familiar iniciada por Hafez al-Assad en 1970 y abrió una transición cuyo desenlace político, institucional y social todavía está en construcción.
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