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Estadio Azteca: el coloso donde Pelé y Maradona escribieron la historia del fútbol mundial

Con el partido México vs Sudáfrica comienza el mundial en el también llamado estadio Banorte o Estadio Ciudad de México.

Azteca Banorte
Por Agencia Periodismo Investigativo | Jue, 11/06/2026 - 13:35 Créditos: Tomada de https://www.facebook.com/EstadioBanorte / Estadio Azteca en Ciudad de México

En el sur de Ciudad de México, entre avenidas congestionadas y barrios populares, se levanta una estructura de concreto que ha sido escenario de algunos de los momentos más trascendentales de la historia del deporte.

El Estadio Azteca, conocido durante décadas como el "Coloso de Santa Úrsula", no es únicamente un recinto deportivo: es un monumento cultural que ha servido de escenario para gestas futbolísticas, acontecimientos religiosos, conciertos multitudinarios y eventos políticos que marcaron generaciones.

Pocos estadios en el mundo pueden presumir de haber sido testigos de las hazañas de Edson Arantes do Nascimento, Pelé, y de Diego Armando Maradona. Menos aún pueden afirmar que albergaron dos finales de la Copa Mundial de la FIFA y que serán sede de un tercer Mundial. El Azteca es el único estadio de la historia que ha recibido tres Copas del Mundo: 1970, 1986 y 2026.

El sueño de construir el estadio más grande de América

La historia comenzó a principios de la década de 1960. México aspiraba a convertirse en sede de una Copa Mundial y necesitaba una infraestructura capaz de competir con los grandes escenarios europeos y sudamericanos.

El proyecto fue encomendado a los arquitectos mexicanos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares Alcérreca. La construcción arrancó en 1962 en la zona de Santa Úrsula Coapa, al sur de la capital mexicana.

El desafío era monumental: levantar un estadio que pudiera albergar más de 100.000 espectadores y que, además, respondiera a las complejas condiciones geológicas de una ciudad edificada sobre antiguos lagos.

Miles de trabajadores participaron en una obra que requirió mover enormes cantidades de tierra y desarrollar innovadoras técnicas de ingeniería para garantizar la estabilidad de la estructura.

Después de cuatro años de trabajos, el estadio fue inaugurado el 29 de mayo de 1966 con un partido amistoso entre el Club América y el Torino de Italia. El encuentro terminó empatado 2-2 y el brasileño Arlindo dos Santos pasó a la historia como autor del primer gol anotado en el recinto.

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Desde su apertura, el Azteca se convirtió en uno de los estadios más impresionantes del planeta.

Su diseño contempló graderías profundas excavadas parcialmente en el terreno, una solución arquitectónica que permitió reducir la altura exterior del inmueble y facilitar el acceso de los espectadores.

A lo largo de su historia, la capacidad del estadio ha variado debido a remodelaciones y ajustes de seguridad. Durante décadas superó los 100.000 asistentes en eventos multitudinarios.

Tras diversas adecuaciones y la más reciente remodelación para la Copa Mundial de 2026, su aforo ronda los 87.500 espectadores.

El estadio se encuentra a más de 2.200 metros sobre el nivel del mar, una condición que históricamente ha representado un reto físico para los equipos visitantes.

La cancha tiene dimensiones reglamentarias FIFA de 105 por 68 metros y recientemente fue dotada de césped híbrido, nuevos sistemas de drenaje, iluminación LED, conectividad avanzada y modernos sistemas de seguridad.

1970: el Mundial que inmortalizó a Pelé

La primera gran consagración internacional del estadio llegó con la Copa Mundial de 1970.

México organizó el primer Mundial transmitido globalmente por televisión a color, y el Azteca se convirtió en el escenario principal del torneo.

El 21 de junio de 1970, ante más de 100.000 espectadores, Brasil derrotó 4-1 a Italia en la final y conquistó su tercer campeonato mundial. Aquella selección brasileña, considerada por numerosos especialistas como una de las mejores de todos los tiempos, tenía como figura central a Pelé.

El estadio fue testigo del último Mundial del astro brasileño y del partido que consolidó definitivamente su leyenda. La imagen de Pelé celebrando con los brazos en alto quedó asociada para siempre al Azteca.

Ese mismo campeonato produjo otro episodio histórico: la semifinal entre Italia y Alemania Federal, conocida como el "Partido del Siglo", un encuentro que terminó 4-3 tras tiempo suplementario y que sigue siendo considerado uno de los mejores partidos disputados en una Copa del Mundo.

1986: la consagración de Maradona

Dieciséis años después, el Azteca volvió a convertirse en el centro del universo futbolístico.

Originalmente, el Mundial de 1986 iba a realizarse en Colombia, pero problemas económicos obligaron al país sudamericano a renunciar a la organización.

México asumió nuevamente el reto y el Estadio Azteca volvió a ser la sede principal. Fue entonces cuando apareció Diego Armando Maradona.

El 22 de junio de 1986, en los cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, el futbolista argentino protagonizó dos de las jugadas más famosas de todos los tiempos.

La primera fue el controvertido gol anotado con la mano izquierda, inmortalizado como "La Mano de Dios".

Apenas minutos después, Maradona tomó el balón en su propio campo, dejó atrás a medio equipo inglés y marcó una obra maestra que la FIFA reconocería posteriormente como el "Gol del Siglo".
Aquella tarde convirtió al Azteca en un escenario mítico.

Semanas después, el mismo estadio fue sede de la final en la que Argentina derrotó 3-2 a Alemania Occidental y conquistó su segundo título mundial. Maradona levantó la Copa del Mundo en el mismo lugar donde Pelé había hecho historia dieciséis años antes. Más allá del fútbol.

La relevancia histórica del Azteca trasciende los Mundiales.

En 1975 fue sede de las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Panamericanos celebrados en México. El estadio también acogió encuentros de fútbol americano profesional de la NFL, campeonatos continentales, finales de clubes y numerosos partidos de la selección mexicana.

Su lista de visitantes ilustres va mucho más allá del deporte. El papa Juan Pablo II celebró allí multitudinarios encuentros religiosos durante sus visitas a México. Artistas como Michael Jackson, U2, Paul McCartney, Elton John, Shakira y Vicente Fernández llenaron sus graderías en conciertos históricos.

El estadio también ha sido la casa tradicional de la selección mexicana y del Club América, uno de los equipos más populares del continente. En diferentes períodos, clubes como Cruz Azul, Necaxa y Atlante también disputaron allí sus partidos como locales.

Con miras a la Copa Mundial de 2026, el estadio fue sometido a una de las transformaciones más profundas de su historia.

Las obras incluyeron la instalación de césped híbrido, sistemas tecnológicos de última generación, nuevas zonas de hospitalidad, renovación de vestuarios, mejoramiento de accesos, ampliación de servicios para personas con movilidad reducida y una completa modernización de sus sistemas de iluminación y seguridad.

La remodelación permitió adaptar el inmueble a los estándares exigidos por la FIFA sin alterar la esencia arquitectónica que convirtió al Azteca en uno de los estadios más reconocibles del planeta.

El único estadio de tres Mundiales

Cuando el balón comenzó a rodar en la Copa Mundial de 2026, el Estadio Azteca volvió a entrar en los libros de historia.
Ningún otro escenario futbolístico había recibido tres Copas del Mundo.

Tampoco existe otro estadio que haya sido sede de los partidos inaugurales de tres Mundiales diferentes.

El Azteca alcanzó un estatus reservado para muy pocos lugares en el deporte mundial: convertirse en una referencia universal cuya sola mención evoca imágenes imborrables. Allí Pelé conquistó la inmortalidad. Allí Maradona desafió la lógica. Allí millones de aficionados encontraron algunos de los recuerdos más intensos de sus vidas.

Sesenta años después de su inauguración, el gigante de concreto sigue siendo mucho más que un estadio. Es un archivo vivo de la memoria colectiva del fútbol.

Y mientras nuevas generaciones ocupan sus tribunas, el Coloso de Santa Úrsula continúa recordándole al mundo que algunos escenarios deportivos terminan convirtiéndose en patrimonio para la historia y la memoria.

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