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Los Kamaleones: así operaba la banda que asesinó al profesor Neil Felipe Cubides en Bogotá

El método criminal detrás del homicidio del docente universitario.

Miembro de Los Kamaleones
Por Agencia Periodismo Investigativo | Mar, 14/04/2026 - 11:18 Créditos: Miembro de Los Kamaleones. Tomada de Policía Nacional

La investigación de la Policía y la Fiscalía permitió destapar el modo de operación de 'Los Kamaleones', una estructura criminal que convirtió el servicio de taxi en su principal herramienta para delinquir en Bogotá. Estos criminales son los responsables del homicidio del profesor Neil Felipe Cubides.

El esquema iniciaba en zonas de alta afluencia. Alias ‘Cabezón', conductor del taxi, seleccionaba a las víctimas en sectores concurridos. Una vez el pasajero abordaba, otro vehículo con el resto de la banda iniciaba el seguimiento. En puntos estratégicos de la ciudad, los cómplices interceptaban el taxi y subían por la fuerza.

A partir de ese momento, comenzaba el control total de la víctima. Bajo amenazas y agresiones físicas, la obligaban a entregar claves de celulares y cuentas bancarias.

Mientras unos la intimidaban, otros ejecutaban retiros en cajeros o transferencias en tiempo real. Los recorridos podían extenderse por varias localidades, con trayectos calculados para evadir controles y dilatar la reacción de las autoridades.

El caso del profesor Neil Felipe Cubides evidenció el nivel de violencia de la estructura. Durante el desplazamiento, fue sometido a tortura y posteriormente asesinado mediante asfixia.

Luego, los responsables realizaron transacciones por cerca de 10 millones de pesos antes de abandonar e incinerar el cuerpo en zona rural de Usme.

Prontuarios de los criminales capturados

Alias ‘Cabezón’: conductor del taxi y pieza clave en la selección de víctimas. Registraba antecedentes por hurto, secuestro, lesiones personales y violencia intrafamiliar.

Alias ‘Pecueca’: encargado del vehículo de apoyo. Coordinaba el seguimiento, recogía los elementos hurtados, realizaba las transacciones bancarias y adquiría insumos para encubrir los crímenes.

Alias ‘Chirri’: uno de los ejecutores directos. Tenía antecedentes por secuestro extorsivo, hurto y violencia intrafamiliar. Había sido capturado previamente por “paseo millonario” y recuperó la libertad meses después.

Alias ‘Pipo’: participaba en la intimidación y sometimiento de las víctimas. Contaba con múltiples anotaciones por hurto, lesiones personales y violencia intrafamiliar.

Las pruebas

Las pruebas recolectadas, más de 200 horas de video, análisis de datos y rastros biológicos hallados en los vehículos, permitieron vincularlos con al menos ocho casos bajo la misma modalidad. Según las autoridades, la estructura generaba ingresos ilegales cercanos a los 200 millones de pesos mensuales.

Los cuatro hombres, con edades entre los 20 y 30 años, fueron enviados a la cárcel e imputados por homicidio agravado, hurto agravado y secuestro extorsivo. La investigación sigue abierta para establecer si hay más víctimas y posibles cómplices dentro de la red.

De acuerdo con la Fiscalía, el vehículo era conducido por uno de los integrantes de la organización, quien modificó la ruta a pocos minutos de iniciado el recorrido. Paralelamente, un automóvil con otros miembros de la banda seguía el trayecto hasta interceptarlo en un punto estratégico.

En ese momento, los cómplices abordaron el taxi y sometieron a la víctima mediante agresiones físicas y amenazas con armas. El objetivo era obtener las claves de sus cuentas bancarias y dispositivos electrónicos.

Una vez reducida la víctima, la estructura desplegaba un esquema coordinado. Mientras algunos integrantes mantenían el control dentro del vehículo, otros ejecutaban retiros en cajeros automáticos y realizaban compras en establecimientos comerciales en diferentes sectores de la ciudad.

Los retiros

Las autoridades establecieron que, en el caso de Cubides, se realizaron transacciones durante la madrugada del 16 de enero por varios millones de pesos, lo que permitió rastrear los movimientos y ubicar a los responsables.

Este patrón, según los investigadores, se repetía con otras víctimas, lo que evidencia una operación sistemática basada en la movilidad constante y el uso de vehículos con apariencia legal para evitar controles.

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El crimen contra el profesor evidenció el grado de violencia de la organización. De acuerdo con los dictámenes de Medicina Legal, la víctima presentaba lesiones con arma blanca y signos de asfixia mecánica, lo que confirma que fue sometida a maltrato antes de su muerte.

Tras asesinarlo, los responsables trasladaron el cuerpo hasta la vereda Los Soches, en la localidad de Usme, donde lo incineraron con el propósito de borrar evidencia. El cadáver fue hallado varios días después en una zona rural de difícil acceso.

Las capturas de cuatro hombres, identificados con los alias de ‘Cabezón’, ‘Pecueca’, ‘Chirri’ y ‘Pipo’, permitieron a las autoridades reconstruir la estructura interna de la organización criminal.

La investigación estableció que el conductor del taxi era el encargado de seleccionar a las víctimas en zonas de alta afluencia, mientras un segundo vehículo se encargaba de realizar el seguimiento.

Actividades  previas

En puntos previamente definidos, el resto de los integrantes intervenía para someter a los pasajeros, en una operación en la que las funciones estaban claramente distribuidas entre la intimidación, la ejecución de transacciones bancarias y el posterior ocultamiento de pruebas.

Las detenciones se produjeron en medio de operativos simultáneos adelantados en localidades como Bosa y San Cristóbal, como resultado del análisis de cámaras de seguridad, el rastreo de movimientos financieros y la recolección de evidencia técnica por parte de los investigadores.

El caso de ‘Los Kamaleones’ se enmarca en un incremento de este tipo de delitos en Bogotá. De acuerdo con reportes oficiales, durante 2025 se registraron al menos 40 hechos bajo esta modalidad, una cifra significativamente superior a la del año anterior.

Las autoridades advierten que estas estructuras operan con planificación previa, selección de víctimas en sectores específicos y uso de rutas diseñadas para prolongar el tiempo de retención y dificultar la reacción institucional.

Los cuatro capturados fueron imputados por homicidio agravado, secuestro extorsivo, hurto calificado y otros delitos asociados al ocultamiento de pruebas. No aceptaron los cargos y permanecen privados de la libertad mientras avanza el proceso judicial.

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