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Informe militar advierte fallas del fusil Jaguar y frena su posible compra masiva para las Fuerzas Militares
Evidencian fallas que comprometerían la seguridad de los soldados y la confiabilidad del sistema en operaciones militares.
Un informe técnico de las Fuerzas Militares puso en duda la posibilidad de incorporar de manera masiva el fusil Jaguar, arma de fabricación nacional desarrollada por Indumil, tras advertir fallas que comprometerían la seguridad de los soldados y la confiabilidad del sistema en operaciones militares.
El documento, conocido por La FM, fue remitido al Ministerio de Defensa y expone un concepto desfavorable sobre el estado actual del proyecto, pese a que el fusil fue presentado por el Gobierno como uno de los avances de la industria militar colombiana.
De acuerdo con el informe, el fusil Jaguar aún no estaría listo para ser usado en escenarios de combate. Las pruebas adelantadas por especialistas del Ejército Nacional y de otras fuerzas evidenciaron problemas en componentes considerados críticos, entre ellos el sistema de acerrojamiento, la fijación del cañón, la resistencia de algunas piezas, el desempeño del guardamano ante fuego sostenido y la trazabilidad del arma.
Las conclusiones señalan que varias de esas observaciones inciden de forma directa en la seguridad del usuario y deben ser corregidas antes de pensar en una adquisición a gran escala.
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El documento reseña que las evaluaciones incluyeron pruebas funcionales, inspecciones técnicas y mesas de trabajo con participación del Ejército Nacional, la Armada Nacional, la Fuerza Aeroespacial Colombiana, la Policía Nacional e Indumil.
En esas revisiones se concluyó que el Jaguar permanece en etapa de evolución y que requiere ajustes estructurales, funcionales y de materiales para alcanzar condiciones de confiabilidad, interoperabilidad y resistencia acordes con los estándares exigidos para un arma de dotación militar.
Uno de los hechos que elevó las alertas ocurrió en el Fuerte Militar de Tolemaida, donde dos militares resultaron heridos durante las pruebas del fusil. Según las explicaciones entregadas por directivos de Indumil, el incidente se produjo por una falla de acerrojamiento en dos armas, lo que generó una liberación de gases.
La empresa sostuvo que no se trató de una explosión y que los uniformados recibieron atención médica sin lesiones de gravedad. Sin embargo, el episodio quedó incluido entre los puntos que refuerzan las dudas sobre la madurez técnica del fusil.
Las observaciones del informe también se concentran en el uso de polímeros de alta resistencia en varias piezas del arma. El Jaguar ha sido presentado como un fusil más liviano que el Galil, actualmente usado por las Fuerzas Militares, pero los análisis conocidos señalan inquietudes sobre su robustez general.
Aunque Indumil sostiene que el arma mantiene condiciones de resistencia y que ha sido sometida a pruebas con más de 30.000 cartuchos, las conclusiones militares advierten que los ajustes pendientes no son menores.
El debate también tiene un componente económico. Indumil afirmó que el Ejército había señalado una necesidad cercana a 13.000 fusiles y un presupuesto estimado de $96.000 millones.
Según el presidente de la industria militar, coronel retirado Juan Carlos Mazo Giraldo, la empresa estaba dispuesta a ofrecer una garantía extendida de ocho años para cubrir la vida útil de la primera producción.
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No obstante, el Ejército Nacional negó haber solicitado la compra del fusil Jaguar y precisó que el arma sigue siendo un prototipo sin las certificaciones ni los estándares requeridos.
La institución militar también aclaró que no ha destinado recursos para una adquisición del Jaguar en 2025 ni en 2026.
Según su respuesta, el Ejército no certifica ni valida armas, pues esa no hace parte de su misión ni de sus facultades. Además, indicó que no conoce valores oficiales ni ha recibido cotizaciones que permitan hablar de un presupuesto asignado o de una compra en curso.
El informe incluye un análisis comparativo de mercado sobre fusiles de asalto calibre 5,56 x 45 milímetros. En ese apartado se advierte que existen alternativas internacionales con valores unitarios inferiores a los ofertados por Indumil.
El documento menciona, además, que una eventual adquisición del fusil M4A1 mediante el programa FMS representaría una opción más favorable en términos económicos, con un ahorro estimado superior a $221.000 millones frente a la necesidad proyectada.
La discusión se amplía porque el Jaguar sería un arma con 26 piezas fabricadas en polímeros, mientras que su cañón seguiría siendo de origen israelí, debido a que Colombia no cuenta con capacidad para producir ese componente.
Para expertos consultados, esa combinación plantea preguntas sobre el alcance real de la autonomía tecnológica anunciada y sobre la capacidad de Indumil para sostener una producción masiva con estándares internacionales.
El desarrollo del Jaguar comenzó en 2020, según explicó María Cecilia Puin Caro, diseñadora de sistemas mecánicos de Indumil y responsable del diseño del arma.
El proceso incluyó revisión de opciones disponibles en el mercado, elaboración de bocetos en dos y tres dimensiones, validación de interacción entre componentes, selección de materiales, análisis de resistencia mecánica y producción de planos técnicos. Desde entonces, el proyecto ha avanzado en diferentes etapas de diseño, prueba y ajuste.
Dentro de Indumil, la posición oficial es que el fusil se encuentra en proceso de validación y que las observaciones hacen parte de una fase normal de verificación.
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El coronel retirado Juan Vargas Barreto, gerente de la fábrica General José María Córdova, ubicada en Soacha, explicó que un arma de fuego con 125 piezas requiere un proceso de armonización técnica y que los incidentes registrados permiten introducir mejoras antes de una eventual producción.
Sin embargo, especialistas en armamento han cuestionado que el fusil haya sido presentado como un avance listo para escalar, cuando todavía enfrenta reparos técnicos.
Javier Miranda, experto en armas y exintegrante de Indumil, sostuvo que el Jaguar no puede considerarse un sistema técnicamente maduro y que su confiabilidad mecánica debe ser demostrada con mayor rigor.
También señaló que la industria militar colombiana ha llegado tarde frente a fabricantes internacionales que producen fusiles más probados, modulares y confiables.
El caso abre un debate sobre la planeación de compras militares, la seguridad de los uniformados y el uso de recursos públicos en desarrollos industriales que todavía no han superado todos los filtros técnicos.
Por ahora, el informe de las Fuerzas Militares deja claro que el Jaguar no cuenta con aval suficiente para una incorporación masiva y que cualquier decisión de compra deberá estar precedida por nuevas pruebas, correcciones verificables y certificaciones que garanticen su funcionamiento en condiciones reales de operación.
La controversia también golpea el discurso oficial sobre innovación militar, pues el fusil fue presentado como una muestra de capacidad nacional en defensa.
El documento técnico, en cambio, plantea una realidad distinta: el proyecto existe, avanza y puede ser corregido, pero aún no ofrece las garantías necesarias para convertirse en arma de dotación de soldados, infantes de marina, policías o integrantes de otras fuerzas.
Mientras esas dudas no sean resueltas, el Jaguar seguirá lejos de pasar del laboratorio y los polígonos de prueba al campo operacional.
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