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Colombia vs Paraguay: el desafío del recambio de Néstor Lorenzo para conformar una nueva selección
Partido hoy a las 7pm hora de Colombia. Los retos de la difícil renovación del equipo después del Mundial.
La Selección Colombia que enfrentará este viernes 2 de octubre a Paraguay en el Sports Illustrated Stadium de Nueva Jersey ya no puede vivir únicamente de lo que construyó durante el camino hacia el Mundial de 2026.
Tampoco puede desprenderse de todo aquello de un día para otro. Ese es, quizá, el dilema que acompaña a Néstor Lorenzo en el comienzo de su segundo ciclo: conservar una estructura que llevó al equipo hasta los octavos de final de una Copa del Mundo y, al mismo tiempo, comenzar a formar la selección que dentro de cuatro años deberá llegar preparada para competir en 2030.
El partido contra Paraguay, programado para las 7:00 p. m., hora de Colombia, será apenas el segundo encuentro de la Tricolor después del Mundial y el segundo capítulo de una renovación que comenzó oficialmente en septiembre.
Colombia empató 1-1 con México en Baltimore en su primera presentación posterior a la Copa del Mundo. El resultado fue secundario frente a lo que Lorenzo necesita descubrir durante estos amistosos: cuáles futbolistas pueden dejar de ser promesas o alternativas para convertirse en integrantes permanentes de la selección.
La transformación no es una elección completamente voluntaria. Parte de ella fue impuesta por el paso del tiempo y por decisiones de dos de los jugadores que durante años concentraron buena parte de la creación del fútbol colombiano.
Juan Fernando Quintero, de 33 años, confirmó que había decidido terminar su ciclo con la selección después de la eliminación mundialista, mientras James Rodríguez anunció posteriormente su despedida de la Tricolor a los 35 años.
Colombia perdió así, en cuestión de semanas, a sus dos zurdos creativos más reconocibles de la última década.
Y ahí aparece el primer gran reto de Lorenzo: Colombia no necesita encontrar otro James Rodríguez porque probablemente no exista un reemplazo idéntico. Necesita aprender a jugar sin James.
Durante el primer ciclo del entrenador argentino, el capitán ocupó un lugar que superaba la condición individual. El sistema estaba diseñado para aprovechar su visión, su pase, la pelota quieta y su capacidad para conectar el mediocampo con los atacantes. Quintero ofrecía otra variante de creatividad. La salida simultánea de ambos obliga a modificar responsabilidades y probablemente también mecanismos colectivos.
El entrenador lo sabe. Por eso esta convocatoria tiene un aspecto radicalmente diferente a la que llevó al Mundial. De los 26 futbolistas que disputaron la Copa del Mundo, solo 11 fueron incluidos en este llamado.
La lista presentada para los partidos frente a México, Paraguay y Perú contiene 15 nombres diferentes respecto de la nómina mundialista. Lorenzo definió públicamente este momento como una etapa de “transición y recambio”.
La dimensión del cambio se aprecia al revisar los nombres. Aldair Quintana, Álvaro Montero y Kevin Mier fueron llamados para competir por la portería. También aparecen Álvaro Angulo, Camilo Durán, Carlos Andrés Gómez, Daniel Arcila, Édier Ocampo, Gustavo Puerta, Jhon Solís, Juan Manuel Rengifo, Kevin Andrade, Kevin Viveros, Matías Orozco, Óscar Perea, Royer Caicedo, Samuel Velásquez y Yáser Asprilla, entre otros. Permanecen futbolistas con recorrido internacional como Dávinson Sánchez, Jhon Lucumí, Daniel Muñoz, Jhon Arias, Richard Ríos y Kevin Castaño.
Es justamente esa mezcla la que revela la estrategia. Lorenzo no está desmontando la selección anterior para construir otra desde cero. Está intentando reemplazar piezas mientras mantiene una columna vertebral que permita que los recién llegados entren en una estructura reconocible.
El técnico ha insistido en que varios de los ausentes continuarán formando parte del proyecto. Esta convocatoria también fue utilizada para conceder descanso a jugadores habituales y ampliar el universo de futbolistas observados.
Por eso, el verdadero examen de esta etapa no consiste simplemente en establecer quién salió y quién entró, sino en determinar quién puede permanecer cuando regresen los referentes que no están en esta ventana internacional.
Ese filtro será cada vez más estrecho. Luis Díaz, ausente de esta convocatoria, tiene 29 años y aparece como uno de los futbolistas llamados a asumir un papel central en el nuevo ciclo. A su alrededor existe una generación que todavía puede llegar al Mundial de 2030 con recorrido internacional: Daniel Muñoz, Jhon Lucumí, Dávinson Sánchez y otros integrantes de la base reciente.
El desafío consiste en acompañarlos con una generación más joven que no llegue al próximo Mundial apenas como alternativa, sino con partidos internacionales acumulados y responsabilidades asumidas.
La portería resume perfectamente ese problema. Durante más de una década, Colombia encontró continuidad en David Ospina y posteriormente en Camilo Vargas. Ambos tenían 37 años durante el Mundial de 2026.
En esta convocatoria ninguno aparece. Lorenzo llamó a Aldair Quintana, Kevin Mier y Álvaro Montero y ya anticipó que quiere observar a los tres durante esta concentración.
Contra México fue titular Montero; frente a Paraguay el entrenador anunció que es muy probable que haya un cambio precisamente porque pretende evaluar otras opciones.
No se trata únicamente de encontrar un arquero que ataje bien durante un amistoso. Lorenzo necesita establecer quién puede apropiarse del puesto durante un ciclo de cuatro años.
La defensa plantea una transición diferente. Allí el técnico conserva futbolistas que todavía pueden servir como puente entre generaciones. Dávinson Sánchez y Jhon Lucumí continúan dentro del grupo; Daniel Muñoz también aparece en la convocatoria oficial.
Pero alrededor de ellos empiezan a surgir nombres como Royer Caicedo, Samuel Velásquez, Édier Ocampo, Álvaro Angulo y Kevin Andrade. Algunos deberán demostrar que pueden pasar de una convocatoria experimental a competir realmente por una posición.
El mediocampo presenta posiblemente el rompecabezas más complejo. Colombia debe decidir cómo generará fútbol sin que James y Quintero estén disponibles para asumir esa tarea. Gustavo Puerta, Kevin Castaño, Richard Ríos y Jhon Solís ofrecen características diferentes.
Yáser Asprilla aporta capacidad para jugar entre líneas y atacar espacios. Juan Manuel Rengifo y Matías Orozco representan otra parte de la búsqueda. Pero Lorenzo ha evitado regalar jerarquías.
Cuando fue consultado específicamente por Rengifo y Orozco antes del partido contra Paraguay, recordó que deben hacer su recorrido y esperar oportunidades, como en su momento ocurrió con James y Quintero.
La frase encierra parte de la filosofía del entrenador: convocar a un joven no significa convertirlo inmediatamente en titular ni entregarle la conducción del equipo.
El recambio necesita competencia. También necesita tiempo, y ese es probablemente el recurso más valioso de estos amistosos. Cuando comiencen los partidos oficiales, experimentar tendrá un costo mucho mayor. Lorenzo quiere utilizar estas ventanas para equivocarse ahora, corregir ahora y descubrir ahora quién puede responder cuando los puntos vuelvan a estar en disputa.
El empate frente a México dejó varias pistas sobre el trabajo pendiente. Lorenzo revisó repetidamente aquel encuentro y posteriormente enumeró aspectos que deben mejorar: la construcción del juego, la velocidad de circulación, la capacidad para superar la presión rival y la terminación de las jugadas. Admitió además una realidad que explica buena parte de las dificultades del momento: “no está el equipo armado”. Esa frase probablemente describe mejor que cualquier formación el momento de Colombia.
No está armado porque acaba de perder a dos de sus principales generadores de juego. No está armado porque varios referentes descansan mientras otros futbolistas reciben sus primeras oportunidades.
No está armado porque la portería vuelve a estar abierta. No está armado porque algunos de los jóvenes convocados deben demostrar todavía si su rendimiento en clubes puede trasladarse a la selección. Y no está armado porque el fútbol que funcionó durante el ciclo anterior necesariamente tendrá que evolucionar.
El partido contra Paraguay será especialmente útil para medir ese proceso. La selección dirigida por Gustavo Alfaro también atraviesa un recambio parcial, pero conserva elementos de la estructura que disputó el Mundial.
Lorenzo describió al rival como un equipo ordenado, consciente de lo que quiere hacer y capaz de explotar recursos específicos. Es decir, Colombia encontrará una oposición que puede exigirle resolver problemas colectivos, no simplemente administrar un amistoso.
El técnico colombiano ya anunció cambios. No reveló el equipo titular, pero dejó claro que habrá movimientos y que la portería probablemente será uno de ellos. Más allá de quién comience, el encuentro tiene una utilidad que supera los 90 minutos: cada modificación permite comparar comportamientos, sociedades y respuestas dentro del nuevo proyecto.
En ataque aparece otro interrogante. Luis Suárez llega a este ciclo con la oportunidad de consolidarse, mientras Kevin Viveros busca espacio y otros jugadores ofensivos deberán competir cuando regresen futbolistas ausentes.
Lorenzo necesita ampliar las alternativas de gol y evitar que la producción ofensiva dependa excesivamente de una sola figura.
El Mundial dejó precisamente una base desde la cual realizar esa reconstrucción. Colombia terminó su participación con tres victorias, un empate y una derrota registrada en la definición por penaltis frente a Suiza. Venció 3-1 a Uzbekistán, derrotó 1-0 a República del Congo, empató 0-0 con Portugal y superó 1-0 a Ghana antes de quedar eliminada frente a los suizos después del 4-3 en la tanda de penaltis.
Por eso Lorenzo tampoco considera necesario destruir lo construido. Después del Mundial, la Federación Colombiana de Fútbol decidió mantenerlo al frente del proyecto.
La continuidad permite que la renovación no empiece con un entrenador intentando conocer desde cero a quienes permanecen, sino con un cuerpo técnico que ya sabe qué puede ofrecer la generación anterior y ahora necesita descubrir hasta dónde puede llegar la siguiente.
Ahí está una de las diferencias fundamentales entre renovación y ruptura. Colombia todavía dispone de jugadores del ciclo mundialista capaces de sostener el equipo mientras llegan otros.
Jhon Arias, Dávinson Sánchez, Jhon Lucumí, Daniel Muñoz, Richard Ríos, Gustavo Puerta y Luis Suárez pueden funcionar como parte de ese puente. Más adelante regresarán otros futbolistas que Lorenzo sigue considerando dentro de sus planes.
Pero el calendario terminará obligando a tomar decisiones. Para 2030 habrán transcurrido cuatro años. Algunos integrantes de la generación que disputó los mundiales anteriores ya no estarán.
Otros llegarán a edades en las que su continuidad dependerá mucho más del rendimiento que de la trayectoria. Los jóvenes que hoy aparecen como novedades tendrán entonces que ser futbolistas consolidados si Colombia pretende llegar al próximo Mundial con un equipo construido y no con una renovación todavía pendiente.
Por eso estos partidos aparentemente menores adquieren otro significado. México fue la primera fotografía. Paraguay será la segunda esta noche de viernes.
Perú, el próximo 6 de octubre en Miami, completará esta primera secuencia de pruebas. Lorenzo tendrá después nuevas ventanas internacionales para reducir progresivamente el margen de experimentación y comenzar a establecer jerarquías.
La Federación tiene además programados dos amistosos contra Chile en noviembre.
Cada encuentro permitirá responder preguntas que hoy siguen abiertas: quién será el arquero del nuevo ciclo, quién asumirá la creación, qué jóvenes pueden disputar realmente un puesto, quién acompañará a los centrales establecidos, qué variantes tendrá Colombia por las bandas y cómo se distribuirá el liderazgo que durante años estuvo concentrado en futbolistas como James.
Ese último punto tampoco es menor. Renovar una selección no significa únicamente modificar una alineación. También supone transferir liderazgo. James no era solamente el número 10.
Era capitán, referente del vestuario y uno de los jugadores con mayor recorrido internacional en la historia de Colombia. Su salida obliga a construir nuevas jerarquías, algunas deportivas y otras internas.
Lorenzo deberá conseguir que esa transición ocurra sin fabricar líderes por decreto. El brazalete puede entregarse en segundos; la autoridad dentro de una selección se construye durante años. Por ahora, el entrenador parece dispuesto a hacerlo gradualmente.
Ha dicho que los criterios para pertenecer a la selección continúan siendo futbolísticos, pero también ha mencionado competitividad, entrega, humildad y capacidad para integrarse al grupo entre las condiciones que observa. En los recién llegados destacó especialmente la rapidez para asimilar conceptos y su adaptación a la metodología de trabajo.
La Colombia que salga esta noche al campo de Nueva Jersey estará, por tanto, mucho más cerca de un laboratorio que de una versión definitiva.
Eso no significa que el resultado sea irrelevante. Ganar continúa siendo parte de la construcción de cualquier selección competitiva.
Pero para Lorenzo existe ahora una misión paralela: obtener información. Saber quién entiende su modelo, quién soporta la presión internacional, quién puede acelerar el juego, quién toma decisiones cuando el partido se complica y quién está preparado para dejar de ser una apuesta.
Cuatro años parecen mucho tiempo. En una selección nacional no lo son. Los entrenadores disponen de pocas concentraciones y todavía menos partidos para trabajar.
De ahí que cada fecha FIFA posterior al Mundial tenga un valor que no siempre refleja el marcador.
Esta noche, contra Paraguay, Colombia jugará apenas su segundo partido después de la Copa del Mundo de 2026. Sin James Rodríguez ni Juan Fernando Quintero, con varios referentes temporalmente ausentes y con una lista cargada de futbolistas que intentan abrirse espacio, Néstor Lorenzo comenzará a obtener algunas de las respuestas que necesita.
El reto no consiste simplemente en rejuvenecer la nómina. Consiste en lograr que cuando llegue 2030 Colombia no siga hablando de recambio. Que para entonces el recambio ya sea la Selección Colombia.
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