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Bayern Múnich de Luis Díaz perdió el invicto en la Bundesliga: un error, dos golpes y un silencio en el Allianz Arena
27 partidos sin conocerla derrota tenía el equipo bávaro. Cayó 1-2 ante el Augsburg.
El invicto del Bayern Múnich en la Bundesliga se rompió este sábado en un partido que parecía controlado durante más de una hora y que terminó convertido en una advertencia: la superioridad estadística no siempre alcanza cuando el tramo decisivo se juega con fallas puntuales y el rival huele la oportunidad.
En el Allianz Arena, el líder cayó 1-2 ante el FC Augsburg, un vecino incómodo que resistió, esperó y castigó dos veces en un lapso corto para firmar una de las derrotas más inesperadas del torneo.
La escena, al principio, parecía la habitual en Múnich. Bayern se adueñó del balón y empujó el partido hacia el área visitante con secuencias largas, laterales altos y la intención de abrir el marcador antes de que el Augsburg pudiera acomodar sus repliegues.
A los 23 minutos llegó el 1-0: Hiroki Ito atacó la pelota en el área y conectó de cabeza un centro servido por Michael Olise desde un tiro de esquina. Ese gol le dio forma a un primer tiempo con sensación de dominio local, pero también dejó instalada una idea que sería determinante después: Bayern mandaba, sí, pero no liquidaba.
El plan del Augsburg fue claro: bloques cortos, disputas en segunda jugada y salidas rápidas cuando el Bayern quedaba abierto.
En ese guion, el visitante encontró momentos para correr, aunque sin transformar esas transiciones en daño sostenido. Bayern, en cambio, acumuló aproximaciones y siguió insistiendo en la banda, con Luis Díaz participando en acciones de desborde y conexiones para finalizar jugadas.
Pero el partido no se partió a favor del local; el 1-0 quedó como una ventaja administrable, peligrosa por mínima.
Tras el descanso, el encuentro entró en una fase en la que el Bayern mantuvo la iniciativa, pero el Augsburg creció en confianza: ya no solo resistía, también discutía duelos en campo medio y estiraba el partido con carreras que obligaban a retroceder.
En ese contexto, el reloj empezó a jugar un papel psicológico: cada minuto sin segundo gol aumentó el margen del visitante para creer que una pelota detenida o un rebote podían cambiar la historia.
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El quiebre llegó a los 75 minutos y tuvo una palabra central en cualquier libreto de crónica futbolera: error. En una acción que terminó en el área del Bayern, el arquero Jonas Urbig falló en la salida y el defensor Arthur Chaves lo aprovechó para marcar, casi accidentalmente, el 1-1 de cabeza.
No fue una jugada de elaboración larga ni un asedio sostenido: fue una grieta en una secuencia puntual, la clase de episodio que reescribe un partido sin necesidad de superioridad previa.
El empate no solo cambió el marcador; cambió los gestos. Bayern aceleró con urgencia, el Augsburg se ordenó con pragmatismo y, en ese nuevo paisaje, la visita encontró el segundo golpe.
A los 81, Han-Noah Massengo apareció para el 1-2 con un remate que completó una jugada con participación de Chaves en la asistencia.
En seis minutos, el líder pasó de administrar una ventaja corta a perseguir un resultado adverso. Desde ahí, el cierre fue una secuencia de asedio local y supervivencia visitante.
Bayern cargó el área, forzó tiros de esquina y buscó el empate por insistencia. Entre las últimas acciones, Olise estuvo cerca con un disparo que terminó en el travesaño, en una imagen que resumió la tarde: el Bayern empujó, pero no encontró el último toque.
La derrota tuvo además una lectura histórica inmediata: el Bayern llegaba con una racha de 27 partidos consecutivos sin perder en Bundesliga, un registro que había sido destacado la semana anterior tras la goleada 5-1 sobre RB Leipzig, con la que igualó una marca del club de la temporada 1988-1989.
Ese recorrido sostenido en el torneo local, construido entre victorias y empates, se frenó en la jornada 19 con un 1-2 que rompe la narrativa de invulnerabilidad y reabre la conversación sobre lo único que no admiten los equipos dominantes: los detalles.
En términos de clasificación, el tropiezo no borró el contexto: Bayern siguió como líder con 50 puntos tras 19 partidos, pero dejó en el camino la posibilidad de seguir sumando sin fisuras en un campeonato que venía controlando con amplitud.
Para el Augsburg, el resultado fue oxígeno competitivo y una victoria de impacto por el escenario, el rival y la forma: paciencia, un empate aprovechando un error, y un segundo gol para sostenerse ante el cierre más exigente posible, el de un Bayern herido en su propio estadio.
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