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Alberto Gamero vuelve a Millonarios: el desafío de reconstruir un equipo que ya no es el que dejó
Los retos en su nueva incursión técnica en el equipo capitalino.
El regreso de Alberto Gamero a Millonarios tiene algo de reencuentro, pero poco de repetición. El entrenador samario vuelve al club en el que construyó uno de los procesos más largos y reconocibles del fútbol colombiano reciente, aunque esta vez encontrará un vestuario diferente, nuevas piezas, otras necesidades y una exigencia que probablemente será mayor que aquella con la que comenzó su primera etapa.
Ya no llega para demostrar que puede construir un proyecto: regresa con el antecedente de haberlo hecho y con la obligación de probar que es capaz de reconstruirlo.
Millonarios confirmó su retorno después de la salida de Fabián Bustos y puso nuevamente el equipo en manos de un técnico que conoce la institución, la presión de El Campín y las dimensiones de un club en el que cada resultado adquiere consecuencias inmediatas.
Gamero vuelve 611 días después de haber terminado su primera etapa y lo hace para asumir un equipo que, pese a mantenerse en zona de clasificación en la Liga BetPlay II-2026, viene buscando una identidad futbolística más definida.
El contexto explica buena parte de la apuesta. Millonarios no volvió a conquistar un título después de la salida de Gamero. David González, Hernán Torres y Fabián Bustos pasaron posteriormente por el banquillo, además de los interinatos de Carlos Giraldo y Ómar Rodríguez.
El equipo tampoco consiguió clasificarse a las fases finales en las dos ediciones anteriores de la Liga, una situación que convirtió la regularidad competitiva en uno de los primeros asuntos que tendrá que resolver el nuevo cuerpo técnico.
Gamero, de 62 años, conoce el otro lado de esa historia. Durante su primera etapa, entre 2020 y 2024, dirigió cerca de 277 partidos —las estadísticas publicadas por distintos medios presentan pequeñas diferencias en el número exacto de victorias, empates y derrotas— y alcanzó un rendimiento cercano al 56%.
Más importante todavía para la memoria del hincha: ganó tres títulos. Levantó la Copa Colombia de 2022, conquistó la Liga del primer semestre de 2023 frente a Atlético Nacional y obtuvo la Superliga de 2024 contra Junior.
Ese pasado es al mismo tiempo su principal respaldo y una de sus mayores dificultades. Gamero no podrá competir contra otro entrenador, sino también contra el recuerdo de su propio Millonarios.
El equipo que presionaba arriba, recuperaba rápidamente la pelota, aceleraba mediante transiciones y conseguía involucrar a futbolistas formados en las divisiones menores permanece como referencia inevitable de su primera gestión. Reproducir exactamente aquella fórmula, sin embargo, difícilmente será suficiente.
Su primer reto será recuperar una identidad futbolística. La salida de Bustos no se produjo con Millonarios hundido en la clasificación. Por el contrario, el equipo se encontraba dentro de los ocho mejores. Las dudas estaban relacionadas también con su funcionamiento.
El esquema con tres centrales y carrileros no terminó de convencer y aparecieron dificultades defensivas por las bandas, mientras que en ataque persistieron problemas para convertir la posesión y la elaboración en situaciones claras de gol.
Gamero recibe, por tanto, una paradoja: un equipo que no está obligado a comenzar desde cero en la tabla, pero que necesita transformarse sobre el terreno de juego. Millonarios aparece quinto con 11 puntos y continúa en posición de disputar la clasificación.
El margen competitivo existe; el margen para experimentar indefinidamente, no. La derrota 3-2 contra Independiente Santa Fe en el clásico adelantado de la fecha 16 volvió a exponer algunas de esas necesidades.
Millonarios abrió el marcador por medio de Daniel Ruiz, tuvo incluso otro gol de Leonardo Castro que fue anulado por fuera de juego, pero terminó permitiendo la remontada cardenal. Pese al resultado, se mantuvo dentro del grupo de los ocho.
El desafío inmediato de Gamero será convertir esa ubicación provisional en una clasificación efectiva a los cuadrangulares.
Millonarios viene de quedarse dos campeonatos consecutivos por fuera de las fases finales y el regreso del entrenador eleva automáticamente la expectativa.
Clasificar ya no será presentado como un objetivo extraordinario, sino como el punto de partida.
Después vendrá un reto más complejo: volver a competir por títulos. Gamero es precisamente el último entrenador que condujo a Millonarios a levantar trofeos y esa circunstancia aumenta la presión de su segunda etapa.
La memoria del título de Liga frente a Atlético Nacional, especialmente por el significado del rival y la definición de aquella final, seguirá acompañándolo cada vez que el equipo llegue a una instancia decisiva.
El campeonato de Liga no será el único frente. Millonarios permanece con vida en la Copa Colombia y deberá enfrentar a Barranquilla FC en los octavos de final.
Esa competición ofrece otra ruta hacia un título y obligará al entrenador a administrar una plantilla que deberá responder simultáneamente a diferentes objetivos.
Pero la reconstrucción deportiva tendrá una dificultad adicional: Gamero conoce Millonarios, aunque no conoce completamente al Millonarios que ahora tendrá que dirigir.
De la actual nómina inscrita, diez jugadores ya trabajaron bajo sus órdenes: Carlos Sarabia, Sergio Mosquera, Daniel Ruiz, David Mackalister Silva, Jorge Arias, Danovis Banguero, Leonardo Castro, Andrés Llinás, Stiven Vega y Alex Moreno Paz.
También permanecen vinculados futbolistas como Santiago Giordana y Juan Carlos Pereira, quienes no están inscritos actualmente por diferentes circunstancias.
Ese núcleo puede facilitar la transición. Futbolistas como Daniel Ruiz, Leonardo Castro, Andrés Llinás o Mackalister Silva conocen sus métodos, sus conceptos y buena parte de las exigencias tácticas de su trabajo.
Gamero no necesitará explicar desde el primer día todos los códigos de su modelo a un vestuario completamente desconocido.
Pero alrededor de ellos existe otro Millonarios. Rodrigo Contreras, Javier Burrai, Rodrigo Ureña, Mateo García, Stiven Barreiro y Sebastián Valencia, entre otros integrantes importantes del plantel actual, no fueron dirigidos por Gamero durante su anterior ciclo.
El entrenador tendrá que incorporarlos a su idea y, al mismo tiempo, determinar si su modelo debe adaptarse a las características de esos jugadores.
Ese detalle puede marcar la diferencia entre intentar restaurar el pasado y construir una segunda versión de su proyecto.
El Millonarios de 2026 no necesariamente tiene las mismas características del equipo campeón de 2023. Gamero deberá decidir hasta dónde transforma la nómina para ajustarla a su fútbol y hasta dónde modifica su fútbol para aprovechar la nómina que recibió.
También deberá solucionar un problema que ya existía durante el tramo final de su primera etapa: encontrar alternativas cuando los rivales le entregan la pelota a Millonarios y reducen los espacios.
El equipo de Gamero llegó a sentirse cómodo recuperando arriba, atacando rápidamente y utilizando el juego directo, pero encontró mayores dificultades cuando debía elaborar contra bloques defensivos organizados.
Ese antecedente aparece nuevamente como uno de los puntos tácticos que tendrá que revisar.
La expectativa alrededor de su retorno estará relacionada precisamente con su capacidad de evolucionar. Gamero ya demostró que puede construir un Millonarios competitivo mediante intensidad, presión y aprovechamiento de las características de sus jugadores.
La segunda etapa exigirá ampliar esas herramientas: generar superioridades, mejorar la producción ofensiva en ataques posicionales, encontrar variantes ante rivales cerrados y equilibrar un equipo que ha presentado problemas defensivos por los costados.
Hay otro capítulo fundamental en su historia con el club: las divisiones menores. Durante su primera etapa hizo debutar a 23 jugadores de las fuerzas básicas. De ese proceso surgieron o se consolidaron futbolistas como Óscar Cortés, Carlos Andrés Gómez, Emerson Rivaldo Rodríguez y otros jóvenes que posteriormente generaron rendimiento deportivo y, en algunos casos, ingresos mediante transferencias.
Recuperar esa conexión con la cantera aparece como otro de sus grandes desafíos. No se trata únicamente de hacer debutar juveniles para aumentar una estadística.
El éxito de aquella política estuvo relacionado con convertir a varios de ellos en alternativas reales para el primer equipo. En un mercado en el que los clubes colombianos necesitan desarrollar jugadores para posteriormente transferirlos, la capacidad de Gamero para detectar, acompañar y potenciar talento joven vuelve a tener valor deportivo y económico.
El entrenador también tiene una cuenta pendiente fuera de Colombia.
Sus resultados internacionales durante el primer ciclo estuvieron lejos del impacto que consiguió en los torneos nacionales.
Bajo su dirección, Millonarios disputó dos veces la Copa Sudamericana y participó en tres ediciones de la Copa Libertadores, contando fases preliminares, pero nunca logró instalarse entre los protagonistas del continente.
El episodio más difícil ocurrió en la Libertadores de 2024. Millonarios terminó último de su grupo con tres puntos, no ganó ningún partido, marcó seis goles y recibió doce.
Gamero reconoció entonces que el plantel necesitaba refuerzos para afrontar adecuadamente esa competencia.
Por eso su segundo ciclo no podrá medirse exclusivamente por lo que ocurra en Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla. Si consigue devolver a Millonarios a las competiciones de la Conmebol, llegará posteriormente una prueba que quedó pendiente: convertir al club en un adversario competitivo fuera del país.
Para hacerlo primero tendrá que asegurar la clasificación internacional a través de los resultados locales.
A todo ello se suma un componente personal. Después de dejar Millonarios, Gamero dirigió al Deportivo Cali. La experiencia no alcanzó los objetivos previstos: estuvo al frente del equipo durante 29 encuentros y no consiguió clasificarlo a los cuadrangulares. Su etapa terminó en marzo de 2026.
Su regreso a Bogotá representa entonces también una oportunidad para demostrar que el éxito de su primera etapa en Millonarios no pertenece únicamente a unas condiciones que ya desaparecieron.
Es la posibilidad de comenzar otro proceso después de una experiencia posterior que no produjo los mismos resultados.
Y existe un factor que no puede desligarse de la historia reciente del entrenador. Su primera salida ocurrió después de un ciclo largo y desgastante, en medio de un ambiente que terminó deteriorándose y de amenazas que, según se informó en su momento, afectaron la tranquilidad del técnico y de su familia.
Ahora regresa al mismo escenario en el que pasó de ser cuestionado a campeón, de campeón a referente y posteriormente de referente a entrenador sometido nuevamente a la presión de los resultados.
Esa montaña rusa explica por qué su segunda etapa tendrá una dimensión distinta. Gamero ya sabe cuánto puede cambiar el ambiente alrededor de Millonarios entre una victoria y una derrota.
El primer examen llegará rápido. Su estreno está previsto para el domingo 6 de septiembre frente a Deportivo Pereira, que ejercerá como local en Palmaseca.
No habrá una extensa pretemporada para introducir conceptos ni varias semanas para estudiar la plantilla. Gamero tendrá que intervenir sobre la marcha mientras el campeonato continúa.
La decisión de Millonarios representa, en ese sentido, una apuesta por reducir los tiempos de adaptación. El club recurrió a un entrenador que conoce la institución y buena parte del vestuario precisamente cuando la temporada está en desarrollo y cada fecha comienza a adquirir mayor importancia.
Pero conocer la casa no significa que el trabajo esté hecho. Alberto Gamero vuelve con tres títulos en su historia azul, un proceso de cinco años como antecedente, una relación comprobada con la cantera y una idea futbolística que durante largos periodos identificó al equipo.
También regresa con cuentas pendientes: mejorar la competencia internacional, ampliar las variantes ofensivas, recuperar la presencia constante en las finales y demostrar que puede construir un segundo Millonarios sin depender de los futbolistas ni de las circunstancias que hicieron posible el primero.
Ese será posiblemente su reto principal. No reconstruir exactamente el Millonarios que dejó, sino conseguir que el equipo de 2026 tenga una identidad propia.
El pasado le garantiza reconocimiento, pero no resultados. Los títulos anteriores permanecerán en las vitrinas independientemente de lo que suceda ahora. Esta nueva etapa comenzará a evaluarse desde cero, aunque el entrenador no llegue con una hoja en blanco.
Gamero conoce El Campín, conoce la presión, conoce a buena parte de la hinchada y conoce lo que significa levantar un trofeo vestido de azul. Ahora deberá demostrar algo que todavía no se sabe: si una segunda historia puede alcanzar la dimensión de la primera.
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