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La historia de alias Araña primer extraditado a Estados Unidos por gobierno de Abelardo de la Espriella
El prontuario de un criminal con décadas en el narcotráfico.
A cientos de kilómetros de la capital Geovany Andrés Rojas, alias “Araña”, desarrolló su trayectoria en el sur del país y se convirtió en dueño y señor del narcotráfico, especialmente en el Putumayo y las fronteras con Perú y Ecuador. Hoy su historia de capo llega a su fin tras ser extraditado a Estados Unidos.
Nacido en Cali, llegó desde niño al Putumayo, departamento en el que terminaría desarrollando buena parte de su vida y de su actividad criminal.
Su historia resulta especialmente significativa porque Comandos de la Frontera no puede entenderse simplemente como la continuación automática de una estructura de las antiguas Farc.
El grupo surgió en medio de la fragmentación del mapa criminal del sur colombiano después del Acuerdo de Paz y reunió diferentes redes armadas y del narcotráfico que disputaron territorios, corredores, cultivos ilícitos y laboratorios.
Con el paso de los años, Comandos de la Frontera consolidó presencia en Putumayo y zonas próximas a las fronteras con Ecuador y Perú.
Araña” terminó convertido en uno de sus principales dirigentes y en 2021 ya era identificado como máximo líder de la organización.
Su trayectoria judicial, sin embargo, había comenzado mucho antes. De acuerdo con sus antecedentes, Rojas fue condenado en Colombia a 29 años de prisión por homicidio, concierto para delinquir agravado, fabricación y tráfico de estupefacientes y porte ilegal de armas.
El negociador de paz
Después aparecería nuevamente al frente de una estructura armada. Comandos de la Frontera llegó a mantener vínculos con la Segunda Marquetalia, organización encabezada por antiguos comandantes de las Farc que regresaron a las armas después del Acuerdo de Paz.
Posteriormente, la estructura de “Araña” tomó distancia de ese proyecto y terminó integrada en un nuevo escenario de conversaciones con el Estado.
Así nació la participación de Rojas en los diálogos de paz. Comandos de la Frontera se incorporó a la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano, una agrupación de estructuras que abrió una mesa de conversaciones con el Gobierno.
El jefe que durante años había sido perseguido por las autoridades comenzó a sentarse frente a delegados estatales.
Pero simultáneamente avanzaba una investigación en Estados Unidos. El 7 de marzo de 2025, la Fiscalía Federal del Distrito Sur de California reveló públicamente una acusación sustitutiva contra Geovany Andres Rojas, identificado expresamente como “Araña”.
La justicia estadounidense señaló que inicialmente había sido acusado de conspiración internacional para distribuir cocaína. Según la acusación, Rojas habría acordado distribuir cocaína en Colombia, Ecuador y otros lugares con conocimiento de que la droga sería importada ilegalmente a Estados Unidos. Posteriormente el expediente escaló. El gran jurado federal agregó un cargo de narcoterrorismo.
La acusación en poder de la Agencia de Periodismo Investigativo, API, sostiene que Rojas habría proporcionado deliberadamente elementos de valor económico a personas u organizaciones que sabía que estaban involucradas en actividades terroristas.
La investigación fue desarrollada con participación de la DEA y el FBI dentro de una estrategia contra organizaciones transnacionales de narcotráfico
La dimensión de las penas posibles muestra la importancia que Washington atribuyó al expediente. Por la conspiración internacional para distribuir cocaína, la legislación estadounidense contempla en el caso presentado contra Rojas una pena mínima obligatoria de diez años y una máxima de cadena perpetua.
Por el cargo de narcoterrorismo, el mínimo señalado por el Departamento de Justicia es de veinte años y la pena también puede llegar hasta prisión perpetua.
Detenido
Su detención ocurrió en circunstancias que hicieron el episodio todavía más controvertido. En febrero de 2025, Rojas estaba en Bogotá participando en el proceso de negociación con el Gobierno. Al finalizar un ciclo de conversaciones, agentes del CTI de la Fiscalía llegaron hasta el hotel en el que se encontraba.
Allí le notificaron el requerimiento internacional. “Araña”, el negociador, pasó a ser “Araña”, el detenido con fines de extradición.
La paradoja fue inmediata: mientras una dependencia del Estado colombiano lo reconocía como interlocutor para intentar conseguir el desarme de una organización, otra debía responder a los mecanismos de cooperación judicial internacional activados en su contra.
La captura produjo cuestionamientos desde la propia mesa de conversaciones y abrió una discusión sobre las garantías que tenían los negociadores. Y el expediente no desapareció con el paso del tiempo.
La extradición de Rojas siguió siendo un asunto sensible para las relaciones entre Bogotá y Washington. En febrero de 2026, el caso todavía aparecía entre los asuntos pendientes entre ambos países, mientras el Gobierno colombiano defendía la necesidad de preservar las conversaciones con Comandos de la Frontera.
Narcotráfico
Las investigaciones estadounidenses, además, han relacionado a Rojas con redes transnacionales de tráfico de drogas. Informaciones conocidas posteriormente dieron cuenta de contactos investigados entre “Araña” y operadores internacionales del narcotráfico en Putumayo, dentro de un escenario que conecta las zonas productoras colombianas con organizaciones capaces de sacar cargamentos del país.
El Putumayo resulta fundamental para comprender ese poder. Su ubicación permite conectar áreas productoras de coca con Ecuador, Perú y rutas fluviales y terrestres utilizadas históricamente por organizaciones criminales.
La economía de la coca ha convivido allí durante décadas con guerrillas, paramilitares, narcotraficantes y estructuras surgidas después de la desmovilización de las Farc.
Controlar territorio en Putumayo significa mucho más que dominar municipios. Significa intervenir sobre cultivos, laboratorios, corredores, pasos fronterizos y rutas que permiten conectar la producción de cocaína con mercados internacionales.
La Fiscalía ha documentado, por ejemplo, investigaciones sobre redes que desviaban armas y municiones hacia Comandos de la Frontera y que también traficaban sustancias utilizadas en actividades relacionadas con el narcotráfico en Putumayo.
Es en ese escenario donde “Araña” construyó su poder. Y es también allí donde su historia comenzó a transformarse nuevamente. Los diálogos con la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano avanzaron más que otros procesos de la paz total.
En Nariño y Putumayo se establecieron compromisos de transformación territorial, desminado, sustitución de economías ilegales y concentración de integrantes de algunas estructuras.
Comandos de la Frontera terminó protagonizando uno de los episodios más particulares del proceso: integrantes de la organización avanzaron hacia la dejación de armas y la concentración en una Zona de Ubicación Temporal.
Para entonces, sin embargo, el futuro judicial de “Araña” seguía dependiendo de decisiones que iban mucho más allá de Putumayo.
Con el cambio de gobierno se acabaron sus privilegios. Ahora su destino es una cárcel en Estados Unidos, donde debe responder por el tráfico de decenas de toneladas y una pena que seguramente no permitirá su retorno a Colombia.
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