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Jorge Velosa cumple 77 años: el maestro que convirtió la voz del campo colombiano en carranga

La historia de un icónico personaje de la música, la composición y la actuación.

Jorge Velosa
Por Agencia Periodismo Investigativo | Mar, 06/10/2026 - 20:21 Créditos: Jorge Velosa. Señal Colombia.

Hay canciones capaces de devolver a quien las escucha a un lugar preciso. En Colombia, basta que aparezcan una guacharaca, un tiple, una guitarra y un requinto para que el camino parezca conducir hacia las montañas de Boyacá.

Y si en medio de esos sonidos alguien comienza a contar la historia de una cucharita perdida, de una gallina, de un rey pobre, de una mujer llamada Julia o de las pequeñas historias de los campesinos, detrás de ese universo casi siempre aparece el mismo nombre: Jorge Velosa.

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Este martes, Jorge Luis Velosa Ruiz cumplió 77 años. Nació ese mismo día de 1949 en Ráquira, Boyacá, y siete décadas después su nombre está ligado a una transformación de la música popular colombiana: la consolidación de la carranga como un género capaz de sacar las historias del campo de su entorno inmediato, llevarlas a las ciudades y convertirlas en parte de la memoria musical del país.

Velosa no llegó a la música después de una formación académica en conservatorios. Su primera escuela estuvo mucho más cerca de la tierra. Creció en Ráquira, entre campesinos, animales, conversaciones, coplas, dichos, fiestas y formas de hablar que años después aparecerían convertidas en canciones.

Era el sexto de siete hermanos y desde niño estuvo rodeado por esa cultura oral que terminaría siendo una de las materias primas de su obra. Una evocación conservada por Señal Memoria aporta una escena reveladora: su madre recordaba que desde los cinco años Jorge inventaba instrumentos con los objetos que encontraba y convertía a otros niños en sus músicos.

Mucho antes de ser conocido como el “Carranguero Mayor”, sin embargo, Velosa tomó un camino aparentemente diferente. Viajó a Bogotá e ingresó a la Universidad Nacional de Colombia para estudiar Medicina Veterinaria.

Se graduó como médico veterinario, pero el ejercicio profesional terminó cediendo terreno ante otra inquietud que se había hecho cada vez más fuerte: investigar, escuchar, cantar y divulgar las costumbres y músicas del altiplano cundiboyacense.

Durante aquella etapa universitaria conoció a Javier Moreno. La inquietud por recuperar y difundir la música del interior colombiano terminó encontrando un espacio decisivo en Radio Furatena, emisora de Chiquinquirá. Allí surgió un programa dedicado a acercarse a los habitantes de la región, escuchar sus costumbres y recuperar saberes y expresiones populares.

La radio terminó funcionando como laboratorio. Lo que comenzó frente a los micrófonos se transformó en música y, posteriormente, en una agrupación: Los Carrangueros de Ráquira.

Velosa, Javier Moreno, Javier Apráez y Ramiro Zambrano quedaron vinculados a aquella primera historia. El proyecto tomó elementos de músicas campesinas que ya circulaban por Boyacá, Cundinamarca y Santander y les dio una identidad propia. En ese proceso fue apareciendo una palabra que terminaría convertida en género: carranga.

El nombre tenía una carga particular. “Carranga” era una expresión utilizada para referirse, entre otras acepciones populares, a animales muertos o productos de escaso valor.

Velosa y sus compañeros hicieron algo distinto con ella: la pusieron sobre un escenario, la convirtieron en nombre musical y terminaron consiguiendo que identificara una de las expresiones culturales más reconocibles del centro del país.

La fórmula parecía sencilla: guitarra, tiple, requinto y guacharaca. Pero detrás había algo más difícil de fabricar: un lenguaje.

Velosa entendió que el campesino no tenía que cambiar su manera de hablar para convertirse en protagonista de una canción. Tampoco tenía que aparecer únicamente como personaje pintoresco.

Sus palabras, preocupaciones, amores, dificultades, animales, cultivos, fiestas, caminos, relaciones familiares y maneras de interpretar el mundo podían constituir por sí mismas una obra musical.

Allí estuvo buena parte de la ruptura.
La carranga no hablaba solamente del campesino. En buena medida, hablaba desde él.

Y entonces apareció “La cucharita”.
La canción se convirtió en una de las piezas fundamentales de su carrera y en uno de los temas más reconocidos de la música popular colombiana.

Una pequeña cucharita de hueso, aparentemente insignificante frente a los grandes asuntos que suelen ocupar las canciones, terminó convertida en protagonista de una historia que atravesó generaciones.

Ese era precisamente uno de los recursos de Velosa: encontrar una historia donde otros apenas veían un objeto cotidiano.
Después llegarían o alcanzarían amplia difusión canciones como “Julia, Julia, Julia”, “La gallina mellicera”, “El rey pobre”, “Las diabluras”, “La china que yo tenía”, “El marranito”, “La rosa mentirosa”, “Póngale cariño al monte” y muchas otras.

El catálogo creció hasta superar las 200 composiciones, según la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Su trayectoria discográfica, a su vez, supera los 20 trabajos.

Los nombres de las agrupaciones también fueron cambiando. Los Carrangueros de Ráquira dieron paso posteriormente a Jorge Velosa y los Hermanos Torres y, finalmente, a Velosa y los Carrangueros.

Pero el personaje permaneció reconocible. Ruana. Sombrero. Guacharaca. Bigote. Y una manera de hablar que nunca intentó desprenderse de Boyacá para alcanzar aceptación en las ciudades. Ocurrió, más bien, lo contrario: fueron las ciudades las que terminaron aprendiendo sus palabras.

En 1981, Los Carrangueros de Ráquira llegaron incluso al Madison Square Garden de Nueva York. El episodio quedó rodeado por una anécdota que Velosa ha contado posteriormente: la limusina destinada a recoger a los artistas no los habría reconocido como tales por presentarse con ruana y sombrero.

La imagen parece resumir una parte de su historia. Aquellos músicos vestidos como campesinos que podían ser confundidos fuera de un escenario estaban llevando precisamente esa identidad campesina a uno de los recintos más conocidos del mundo.

Velosa tampoco se quedó exclusivamente en los discos.
La televisión colombiana lo convirtió en rostro conocido para generaciones que quizás todavía no identificaban todo su repertorio musical. Participó en producciones como “Don Chinche” y “Romeo y Buseta”.

En esta última interpretó a Trino Epaminondas Tuta, otro personaje construido alrededor de ese universo popular que atravesó buena parte de su carrera. También fue locutor, presentador, poeta, coplero y escritor.

Con el paso de los años, su trabajo literario fue ocupando un espacio cada vez mayor. Publicaciones como “El convite de los animales”, “Abuelo de pájaro” e “Historiando mi cantar” ampliaron un proyecto creativo en el que las canciones convivieron con poemas, adivinanzas, trabalenguas, coplas y relatos.

En ese recorrido apareció también otra constante: la naturaleza. Los animales no son accesorios dentro del mundo de Velosa. Gallinas, marranos, pájaros y otras especies entran y salen de sus composiciones junto con árboles, montes, caminos y paisajes. Su formación como veterinario y su origen campesino terminaron encontrándose, de otra manera, dentro de su obra artística.

La Universidad Nacional de Colombia reconoció formalmente esa trayectoria en 2012 al concederle un Doctorado Honoris Causa. La institución destacó entonces su trabajo por la recuperación de la cultura campesina, la defensa del folclor y el posicionamiento de la música carranguera como una manifestación relevante dentro de la cultura colombiana.

Velosa recibió la distinción sin separar el reconocimiento personal de las personas que habían inspirado su trabajo. Al referirse al honor concedido por la Universidad Nacional, señaló que lo recibía también en nombre de los campesinos, los carrangueros del país y quienes habían integrado sus agrupaciones.

Once años después llegó otro reconocimiento académico. En mayo de 2023, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia le concedió el título de Doctor Honoris Causa en Lenguaje y Cultura. La universidad fundamentó la distinción en más de medio siglo de trabajo alrededor de los saberes campesinos, el lenguaje y las culturas popular, urbana y rural.

No era únicamente un homenaje a un cantante. La propia UPTC institucionalizó espacios académicos vinculados con el estudio de la cultura carranguera, una señal de hasta dónde había llegado aquel género nacido alrededor de músicos que alguna vez comenzaron recogiendo historias y costumbres a través de una emisora de Chiquinquirá.

La música que durante décadas había sido transmitida de oído, tocada en fiestas y llevada de pueblo en pueblo había llegado también a las universidades como objeto de investigación.

La carranga había sobrevivido además a uno de los desafíos más difíciles para cualquier género popular: el cambio generacional.

Agrupaciones de jóvenes comenzaron a recuperar sus instrumentos, modificar arreglos y mezclar sus sonidos con otras expresiones. Niños que no habían nacido cuando apareció “La cucharita” aprendieron sus canciones. Escuelas, universidades, festivales y grupos musicales mantuvieron el género en circulación.

Velosa terminó convertido en maestro de músicos que nunca habían compartido escenario con él. Y quizá allí se encuentra una de las dimensiones de su legado.

Porque Jorge Velosa no inventó al campesino colombiano ni descubrió su música. Lo que hizo fue tomar sonidos, palabras, ritmos y saberes que ya pertenecían a comunidades rurales y ayudar a construir con ellos un lenguaje musical que consiguió llegar mucho más lejos.

La carranga convirtió la cotidianidad en repertorio. El habla campesina dejó de necesitar traducción. La ruana pudo entrar a los grandes escenarios sin convertirse en disfraz.

Y las historias aparentemente pequeñas demostraron que también podían convertirse en patrimonio colectivo.
Radio Nacional de Colombia ha descrito a Velosa como un referente fundamental del campo colombiano. Señal Colombia lo identifica como precursor de la carranga y cronista del campo.

La Universidad Nacional reconoce su contribución al rescate de la cultura campesina. La UPTC considera que su obra trascendió la música para convertirse en fuente de investigación sobre lenguaje y cultura.

Son maneras institucionales de explicar algo que durante décadas el público había expresado de una forma mucho más sencilla: escuchándolo.

A sus 77 años, Velosa pertenece a una generación de artistas cuya obra terminó confundida con la memoria del país.

Es difícil escuchar “La cucharita” solamente como una canción antigua. Detrás aparecen fiestas familiares, viajes por carretera, radios encendidos en pueblos y veredas, celebraciones campesinas y generaciones enteras repitiendo versos que aprendieron sin proponérselo.

También permanece una manera de mirar Colombia. En las canciones de Velosa hay humor, enamoramiento, animales, pobreza, medioambiente, desigualdad, vida cotidiana, crítica social y orgullo campesino. Algunas provocan risa.

Otras parecen cuentos musicalizados. Varias esconden detrás de su sencillez preguntas mucho más profundas sobre el campo y sobre quienes lo habitan.

Por eso su personaje nunca necesitó abandonar sus símbolos para mantenerse vigente.

El muchacho nacido en Ráquira el 6 de octubre de 1949 estudió para curar animales y terminó dedicando buena parte de su vida a contar historias. Se hizo músico sin desprenderse del veterinario, escritor sin abandonar al coplero y figura nacional sin borrar al campesino boyacense. Hoy cumple 77 años.

Más de medio siglo de ellos ha transcurrido entre tiples, requintos, guitarras, guacharacas, coplas, libros, emisoras, estudios de grabación y escenarios.

Y aquella música que comenzó buscando una forma de nombrarse ya tiene nombre propio en la historia cultural colombiana. Se llama carranga.

Y cuando suena, inevitablemente, aparece Jorge Velosa.

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