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Así era Irán antes de que el comunismo se fusionara con la ley Sharia y naciera la teocracia de 1979
¿Cómo vivían mujeres y minorías antes de la fusión entre comunismo revolucionario y ley Sharia en Irán?
Durante gran parte del siglo XX, especialmente entre las décadas de 1940 y 1970, Irán experimentó un proceso de modernización económica, institucional y cultural que lo ubicó entre los países de desarrollo medio más dinámicos de Asia Occidental.
La estructura política era monárquica —bajo el reinado de Mohammad Reza Pahlavi— y concentraba poder, pero coexistía con espacios de pluralidad social, un sistema educativo en expansión, reformas civiles significativas y una presencia creciente de mujeres en la vida pública.
Ese contexto cambió de manera abrupta tras la instauración de la República Islámica en 1979, que fusionó el proyecto revolucionario con una lectura estricta de la ley sharia, transformando el marco jurídico, político y social del país.
Educación, universidades y derechos civiles antes de 1979
De acuerdo con registros de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, el Estado iraní impulsó desde los años 40 un sistema público de educación laica y mixto.
Para 1975, la tasa de matrícula femenina en educación primaria superaba el 75 %, y en las universidades iba en aumento.
En la Universidad de Teherán, una de las más antiguas de Oriente Medio, la participación femenina en programas de derecho, medicina y ciencias sociales crecía año a año.
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Las escuelas funcionaban sin segregación por género y regidas por estándares académicos seculares.
En materia jurídica, Irán contaba con un sistema civil basado en códigos inspirados en modelos europeos y en instituciones persas modernizadas.
Entre 1967 y 1975, el Parlamento aprobó las llamadas Leyes de Protección Familiar, que ampliaron derechos a las mujeres en temas como divorcio, custodia de hijos y edad mínima para contraer matrimonio, regulaciones que posteriormente serían derogadas por el régimen instaurado tras 1979.
Presencia de las mujeres en la vida pública
Fuentes del archivo histórico de la BBC documentan que desde la década de 1950 las mujeres iraníes participaban de manera creciente en espacios laborales, culturales y políticos.
Para 1963 conquistaron el derecho al voto y a ser elegidas, y en 1968 ya había diputadas en el Parlamento.
Las profesiones abiertas a las mujeres incluían medicina, abogacía, ingeniería, docencia y artes.
En Teherán, Shiraz e Isfahán era habitual ver a mujeres sin velo, pues su uso era voluntario desde 1936.
Esa movilidad social no implicaba ausencia de desigualdades, pero sí representaba un marco jurídico y cultural más flexible que el establecido después de 1979.
Informes de Human Rights Watch y Amnistía Internacional señalan que el retroceso posterior fue profundo: la obligatoriedad del hiyab, las restricciones laborales, las limitaciones para viajar sin permiso de un tutor masculino y la imposición de tribunales religiosos modificaron por completo la vida cotidiana de mujeres y niñas.
Economía y vida urbana antes de la revolución
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que analizó el crecimiento iraní durante los años 60 y 70, reportó que el país mostraba una de las tasas de urbanización más aceleradas de Asia Occidental. Ciudades como Teherán contaban con industrias automotrices, farmacéuticas y petroquímicas en expansión.
El ingreso per cápita aumentó de forma significativa debido a los ingresos petroleros, lo que permitió ampliar servicios públicos, infraestructura de transporte, aeropuertos, sistemas de agua potable y redes eléctricas.
La vida cultural era diversa. Cines, teatros, festivales de música —como el famoso Festival de Shiraz-Persepolis— y difusión de literatura persa e internacional eran parte habitual de la vida urbana.
La censura existía, especialmente en temas políticos, pero la industria cultural tenía un margen de producción y circulación que desapareció tras la revolución, cuando fueron prohibidas decenas de expresiones artísticas consideradas contrarias al islam político.
Sistema político previo a 1979
Los estudios de Encyclopaedia Iranica y de la Universidad de Princeton coinciden en que Irán era una monarquía autoritaria con un Parlamento funcional pero con limitaciones en libertades políticas.
Aunque existían partidos legales, el Estado concentraba poder y la policía política, SAVAK, reprimía a sectores de oposición. Sin embargo, el sistema no era teocrático y operaba bajo códigos civiles laicos, sin tribunales religiosos con autoridad sobre la vida cotidiana.
Ese equilibrio inestable —modernización acelerada, apertura social y control político— generó tensiones que sectores religiosos, marxistas y nacionalistas intentaron capitalizar.
La revolución que tomó fuerza a finales de los años 70 unió movimientos heterogéneos que buscaban un cambio, pero tras la caída de la monarquía la facción clerical consolidó el control absoluto del nuevo Estado.
La fusión entre revolución ideológica y ley sharia
A partir de 1979, según estudios del Centro de Investigaciones de Derechos Humanos de la Universidad de Harvard, Irán reemplazó su sistema civil por una estructura teocrática basada en la figura del líder supremo y en la aplicación obligatoria de la sharia en asuntos penales, familiares y sociales.
El nuevo régimen eliminó los partidos políticos independientes, clausuró medios de comunicación, ejecutó opositores y creó un aparato de vigilancia moral y religiosa.
Las mujeres perdieron buena parte de los derechos conquistados durante las décadas previas.
La edad mínima para el matrimonio se redujo inicialmente a 9 años —luego elevada bajo presión social—, se derogaron protecciones civiles y se impuso el uso obligatorio del velo.
Las minorías religiosas, en especial baháʼís, zoroastrianos y cristianos, enfrentaron restricciones legales y persecución.
Las universidades sufrieron una depuración ideológica conocida como la “Revolución Cultural Islámica”, documentada por varias instituciones académicas occidentales.
En el terreno político, el régimen eliminó la competencia electoral real y creó cuerpos como los Guardianes de la Revolución, que adquirieron funciones militares, económicas y de control social.
Transformación de la vida cotidiana tras 1979
El impacto fue inmediato: segregación de género en escuelas, universidades y espacios públicos; códigos de vestimenta estrictos; sanciones penales para conductas consideradas contrarias a la moral islámica; restricción de libertades religiosas; disolución de movimientos feministas y estudiantiles; y establecimiento de tribunales revolucionarios que operaron con procedimientos sumarios.
Organismos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch documentaron desde 1980 patrones de detenciones arbitrarias, ejecuciones masivas de opositores políticos, censura estructural y ausencia de garantías procesales.
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