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Canadá retira el letrero: Carney propone un nuevo orden mundial desde Davos

“El poder de los sin poder": el llamado de Mark Carney en Davos a romper con el viejo orden. Discurso completo.

Mark Carney, primer ministro de Canadá
Por Agencia Periodismo Investigativo | Mié, 21/01/2026 - 08:58 Créditos: Mark Carney, primer ministro de Canadá. Captura de video X: @MarkJCarney

En una intervención calificada por analistas como “brillante e iluminadora”, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, instó a los países de poder intermedio a asumir un papel activo en la redefinición del sistema internacional.

Lo hizo en su participación el 20 de enero de 2026 durante el Foro Económico Mundial de Davos, donde trazó una radiografía crítica del escenario geopolítico actual, marcado —según su análisis— por la ruptura del orden normativo global, el retorno de la lógica de la fuerza y el debilitamiento de las instituciones multilaterales.

Carney inició su intervención reconociendo el momento como un punto de inflexión tanto para Canadá como para el sistema internacional.

Alertó sobre el “amanecer de una realidad brutal” en la que las grandes potencias actúan sin restricciones y el orden internacional basado en normas, que sirvió de marco durante décadas, ha comenzado a desmoronarse.

Citó a Tucídides para describir la situación actual como una en la que “los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”, señalando que esta lógica parece imponerse nuevamente como norma en las relaciones internacionales.

Sin embargo, el mandatario sostuvo que las potencias medias como Canadá no están condenadas a la pasividad. En su criterio, poseen herramientas para contribuir a un nuevo equilibrio basado en principios como los derechos humanos, la soberanía de los Estados, la solidaridad y el desarrollo sostenible.

En este marco, afirmó que “el poder de los menos poderosos comienza con la honestidad”, lo que implica abandonar las simulaciones diplomáticas y reconocer las contradicciones del sistema anterior.

Para ilustrar esta idea, Carney recuperó el ensayo El poder de los sin poder del disidente checo Václav Havel, en el que se describe la fragilidad de los sistemas autoritarios sostenidos más por la rutina y la conformidad social que por la represión.

A partir de la metáfora del tendero que coloca cada mañana un cartel con consignas que no cree, solo para encajar en el sistema, Carney advirtió que muchos países han actuado durante décadas bajo un modelo internacional cuyos principios sabían inconsistentes, pero cuya utilidad política y económica justificaba la simulación.

En esa línea, explicó que Canadá, al igual que otras naciones, colocó también el “letrero en la ventana”, participando en instituciones, celebrando normas internacionales y actuando como si el orden global fuera uniforme y predecible, cuando en realidad estaba plagado de excepciones y desequilibrios.

Reconoció que ese viejo orden, sostenido por la hegemonía estadounidense, ofreció ciertos bienes públicos globales como rutas marítimas abiertas, estabilidad financiera o mecanismos de resolución de disputas. No obstante, advirtió que esas garantías están dejando de existir o se aplican de forma desigual.

“El viejo orden no va a volver”, sentenció el jefe de Gobierno canadiense. Y añadió que no se trata de asumir una postura nostálgica o conservadora, sino de reconocer que fingir adhesiones a normas que ya no rigen no es una estrategia sostenible.

En su lugar, propuso actuar con autenticidad, construir fuerza interna y establecer alianzas entre países con intereses y valores comunes.

Carney cerró su discurso convocando a otros Estados a dejar de “vivir dentro de una mentira” y a asumir que la nueva etapa requiere liderazgos claros, decisiones firmes y principios renovados. “Estamos quitando el letrero de la ventana. Ese es el camino de Canadá”, concluyó.

La intervención fue bien recibida entre representantes diplomáticos y económicos, que destacaron el tono directo, el respaldo conceptual y la claridad con la que el primer ministro canadiense abordó las tensiones del orden internacional.

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Algunos asistentes valoraron especialmente la propuesta de que las potencias medias no adopten una actitud resignada frente a la rivalidad de los bloques dominantes, sino que trabajen por un reordenamiento estratégico que contemple tanto valores como intereses comunes.

Discurso completo

“Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.

Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.

Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.

El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.

Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.

Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar, a acomodarse, a evitar problemas, a esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?

En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?

Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.

Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero—, la ilusión empieza a resquebrajarse.

Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros.
Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad.

Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.

Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.

Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad.

Ese pacto ya no funciona.

Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia.

Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos.
Ese es el camino de Canadá”.

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