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Uzbekistán afina su debut mundialista: convocatoria de Cannavaro que apunta a desafiar a Colombia, Portugal y Congo
Listado preliminar de futbolistas para enfrentar el Mundial de EE.UU.
La imagen que circula en redes y plataformas deportivas, con el membrete de la UFA y el rótulo “Uzbekistan Squad”, no es solo una lista de nombres: es, en realidad, el retrato de un momento histórico.
Uzbekistán, un país que durante décadas rozó la élite sin lograr instalarse en ella, ha comenzado a escribir la página más ambiciosa de su historia futbolística con una convocatoria que sintetiza años de desarrollo silencioso, inversión en talento joven y, ahora, la apuesta definitiva por un liderazgo de peso internacional.
La selección dirigida por Fabio Cannavaro —campeón del mundo con Italia en 2006— se prepara para su primera participación en una Copa del Mundo, la de 2026 en Estados Unidos, Canadá y México, donde quedó encuadrada en el Grupo K junto a Colombia, Portugal y la República Democrática del Congo como principal candidata.
Ese contexto dota de una dimensión especial a la convocatoria difundida en el aviso: no es una lista rutinaria de concentración, sino el primer bosquejo competitivo de un equipo que sabe que tendrá que medirse contra dos potencias consolidadas y un rival africano con creciente protagonismo. Uzbekistán no llega como favorito, pero tampoco como simple espectador.
El documento reúne nombres que, aunque poco conocidos para el gran público latinoamericano, reflejan una estructura coherente.
La base del plantel sigue siendo doméstica, con futbolistas formados en clubes locales que han sostenido el proceso clasificatorio, pero también aparecen piezas con proyección internacional.
Entre ellas sobresale Abdukodir Khusanov, defensor con presencia en el fútbol europeo, llamado a ser eje de la zaga en el Mundial, mientras que Eldor Shomurodov se perfila como referencia ofensiva y principal carta de gol.
La lista incluye porteros como Vladimir Nazarov y Abduvokhid Nematov; defensores como Rustam Ashurmatov y Sherzod Nasrullaev; mediocampistas de corte mixto como Otabek Shukurov o Jaloliddin Masharipov; y delanteros encabezados por Shomurodov, en una estructura que evidencia equilibrio entre experiencia y renovación.
Muchos de estos nombres ya habían integrado convocatorias recientes y procesos clasificatorios, lo que refuerza la idea de continuidad en el proyecto.
Detrás de esa continuidad aparece la figura de Cannavaro, cuya llegada marcó un punto de inflexión simbólico.
Uzbekistán había conseguido su clasificación histórica bajo otro cuerpo técnico, pero la federación decidió incorporar al exdefensor italiano para añadir experiencia mundialista a un grupo que, por primera vez, se enfrentará a la presión de la élite global.
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El técnico ha insistido en un enfoque pragmático: orden defensivo, transiciones rápidas y fortaleza mental.
No es casual que la convocatoria priorice futbolistas disciplinados tácticamente y con recorrido físico.
En un grupo donde enfrentará a la Colombia de Néstor Lorenzo —equipo con una mezcla de talento ofensivo y experiencia— y a la Portugal de figuras consolidadas, Uzbekistán parece apostar por competir desde la solidez y no desde el protagonismo absoluto.
El calendario tampoco ofrece margen para la adaptación. Según lo previsto, el debut será frente a Colombia, seguido por Portugal y finalmente el Congo rival, en una secuencia que obligará al equipo asiático a sostener intensidad y concentración desde el primer minuto del torneo.
La narrativa que rodea a Uzbekistán es, en esencia, la de un debutante que no llega por accidente.
Su clasificación fue el resultado de un proceso consistente en las eliminatorias asiáticas, donde mostró regularidad y competitividad, consolidándose como una de las selecciones emergentes del continente.
Sin embargo, el salto al Mundial implica un cambio de escala. El aviso de la convocatoria, con sus nombres alineados en bloques y su estética institucional, transmite más que una preparación logística: es la señal de que Uzbekistán entiende la magnitud del reto. No se trata solo de participar, sino de demostrar que el fútbol de Asia Central puede competir en el escenario global.
En ese sentido, el cruce con Colombia adquiere una carga simbólica particular. Para los sudamericanos, Uzbekistán representa el rival desconocido; para los uzbekos, Colombia es la medida inmediata de su verdadero nivel.
Portugal, por su parte, será el examen más exigente, mientras que el eventual duelo ante Congo podría convertirse en un enfrentamiento directo por la clasificación.
La convocatoria, entonces, funciona como una declaración de intenciones: un equipo compacto, sin grandes figuras mediáticas pero con una identidad definida, dispuesto a desafiar la lógica de los pronósticos.
En un Mundial ampliado a 48 selecciones, donde las sorpresas encuentran más espacio, Uzbekistán no llega a improvisar. Llega, por primera vez, a competir.
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